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La flojera de AMLO

Le da flojera recibir a Javier Sicilia, quien también vive el asesinato de su hijo. La diferencia es que Rosario Piedra lo alaba

OPINIÓN

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Andrés Manuel López Obrador no tenía duda alguna. Doña Rosario Ibarra de Piedra debía recibir justicia de la 4T, por su trayectoria política; por su activismo en defensa de los derechos humanos; por su incansable búsqueda de los desaparecidos de la Guerra Sucia del gobierno en la década de los 70; porque ella misma fue víctima de tortura por ese Estado represor; pero, principalmente, por la desaparición impune de su hijo Jesús, ocurrida hace 44 años.

Es tal su admiración que en la elección presidencial del pasado 1 de julio, López Obrador dio su voto a doña Rosario. Ella fue su primera opción para dirigir la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, pero debido a su avanzada edad, 92 años, la fundadora del Comité Eureka ha limitado mucho sus actividad pública. El presidente pidió otorgarle la Medalla Belisario Domínguez, pero doña Rosario no acudió a recibirla. No la rechazó, pero decidió dejarla bajo la custodia de su amigo Andrés Manuel hasta que el gobierno le diga qué pasó con su hijo Jesús.

Nada de eso le dio flojera al Presidente.

Javier Sicilia Zardain es un académico, poeta, ensayista, novelista y periodista de 63 años. Heredó de su padre la vocación literaria y la mayor parte de su vida la ha dedicado al periodismo, la filosofía y las letras. Vivió ajeno a los reflectores hasta hace ocho años.

El 28 de marzo de 2011 su vida cambió para siempre. Su hijo, Francisco Javier Sicilia Ortega, de 24 años, apareció muerto. Horas antes fue secuestrado junto con seis personas más y ejecutado por órdenes de Héctor Beltrán Leyva, alias El H. Javier Sicilia dedicó todas sus energías en buscar a los asesinos de su hijo. Fundó el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad con el que recorrió el país.

El poeta se convirtió en activista contra la violencia. Sin estridencias, levantó la voz para apaciguar al país en tiempos de la guerra contra el narcotráfico. Sumó su movimiento a otras organizaciones de la sociedad civil que luchan por su misma causa. Resistió las varias invitaciones que recibió para montarse a la política y convertirse en candidato a lo que sea.

Rechazó los coqueteos de los partidos, pero decidió apoyar al candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador. Pedía a cambio, y consiguió, el compromiso de poner la pacificación del país en las prioridades de la agenda nacional.

López Obrador tiró línea al Senado para que Rosario Piedra Ibarra, la hija de doña Rosario, fuera impuesta como presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. López Obrador ha defendido a capa y espada el perfil de Rosario Piedra. Destaca como su principal atributo que ha vivido en carne propia la desaparición de su hermano.

En cambio, le da flojera recibir a Javier Sicilia, quien también vive en carne propia el asesinato de su hijo. La diferencia es que Rosario Piedra lo alaba y Javier Sicilia le pide cumplir su compromiso de campaña de pacificar a México.

POR ALEJANDRO CACHO

CACHOPERIODISTA@GMAIL.COM 

@CACHOPERIODISTA

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