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AMLO y el gobierno: Liderazgo vs Eficacia

No es fácil predecir el momento en el que un presidente de la República comienza a perder fuerza y se desgasta su aura

OPINIÓN

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Una de las preguntas que persigue a todos los presidentes desde que se sientan en la silla es el tiempo que lograrán preservar su carácter de todopoderoso y la invulnerabilidad de la que gozan, sobre todo si la elección les otorgó una gran legitimidad.

No es fácil predecir el momento en el que un presidente comienza a perder fuerza y se desgasta su aura de poderío irreductible.

Todos han visto desaparecer la curva ascendente de popularidad y calificación. Unos han caído temprano y otros al final.

A Carlos Salinas de Gortari lo persiguió el fantasma del fraude, pero los acuerdos con el PAN le permitieron dar forma a un gobierno que a partir de Solidaridad, su motor de poder y estructura territorial, y de una serie de reformas pactadas con Acción Nacional, logró hacerse de una percepción de audacia, orden y eficacia.

Era el gobierno de la alta burocracia formada en la Ivy Ligue –Harvard, Yale y Standford–, lo cual permitió que la administración del gobierno caminara sin problemas. Años después, se tendría claro el resultado negativo de las políticas públicas adoptadas por los llamados Chicago boys, pero en ese momento Salinas pudo mantener su popularidad más de cinco años, hasta el levantamiento del EZLN en 1994.

Ernesto Zedillo no tuvo una buena prensa. Era gris y huraño, y su carácter, junto con el rescate de los bancos, comenzó pronto a minar su gobierno.

A Vicente Fox lo jalaron hacia abajo su boca irrefrenable –“¿Yo por qué?” o “comes y te vas” –, así como los excesos en la Presidencia, su miedo a enfrentar a los líderes sindicales y el oxígeno que le dio al PRI y a sus gobernadores (cortesía de Pemex).

Felipe Calderón se puso el pie a sí mismo, al meterse a la Casa Blanca para pactar con Bush la ofensiva contra el narcotráfico, una guerra que se perdía todos los días. A Peña el Saving México le duró año y medio. Después de eso, todo (el escándalo de la Casa Blanca, el socavón, la corrupción en Pemex), fue un camino empedrado y cuesta abajo.

El presidente Andrés Manuel López Obrador mantiene una aprobación alta de 60 por ciento. Pero después de la liberación de Ovidio Guzmán comenzaron a aflorar ciertas porosidades.

AMLO navega en medio de los problemas y crisis de coyuntura, lo cual confirma que la gente lo sigue viendo como un líder.

Pero al gobierno lo califican distinto. La crisis de seguridad se disparó después del episodio de Culiacán y el asesinato de la familia LeBarón. Al secretario Durazo lo aprueban 2 de 10 mexicanos, mientras las quejas de ciudadanos en el IMSS y la Secretaría de Salud continúan por la falta de recursos hospitalarios y desabasto de medicinas.

Exceptuando el tema de la seguridad, todos los demás son frentes que el gobierno se abrió al recortar presupuesto o modificar políticas públicas. Si no existe la capacidad de atacarlos pronto, seguirá creciendo la distancia entre el liderazgo del Presidente y los problemas de su gobierno.

POR WILBERT TORRE

WILBERTTORRE@GMAIL.COM 

@WILBERTTORRE

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