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Mal ejemplo

A la repartición de la cordura y la educación, aparentemente Miguel Herrera llegó tarde… o no llegó

OPINIÓN

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El técnico del América volvió a protagonizar un hecho vergonzoso, recién concluido el partido contra Cruz Azul del sábado anterior en la cancha del Azteca, donde La Máquina atropelló inmisericordemente a las Águilas.

En una época en la que la FIFA ha puesto especial atención a la homofobia, la discriminación y el racismo, a Miguel Herrera se le fueron de nueva cuenta las cabras al monte y llamó “puto” al silbante Marco Antonio Ortiz, mientras pasaba por la zona mixta del Coloso de Santa Úrsula, rematando su fino soliloquio con un afrancesado “maricones”, insulto que no sabemos si profirió contra la cuarteta arbitral o contra los pobres reporteros de la fuente, que con paciencia esperaban alguna declaración del energúmeno.

Lo cierto es que Miguel huyó cobardemente de los cuestionamientos a los que iba a ser sometido después de tremendo papelón, y seguramente prefirió hacerse el enojado, antes que explicar por qué el guardameta Guillermo Ochoa, con todo y sus mundiales espectaculares y su amplio bagaje en el balompié internacional, le sigue teniendo pavor a las salidas y ni por error corta un centro de trámite, cuando la pelota deambula por su área chica.

Herrera tiró por la calle de enmedio antes de explicarnos por qué el atacante colombiano Roger Martínez cometió la tontería que sacó de balance a su equipo, al mostrar el soez y ventajoso recurso del codazo de barrio.

Al entrenador del América le pareció un buen salvoconducto huir de la escena del crimen, antes que explicar la precariedad de su defensiva y lo muchísimo que le duele a su cuadro bajo la pelota parada. Porque lo que se ve no se juzga. Y así el neófito, como el más avezado conocedor de futbol, pudieron deducir sin recurrir a la ciencia de la pelota, que el Cruz Azul maneja de manera correcta el juego aéreo y que cuando se conecta, puede ser profundo, como dejó patente en la “cruzazuleada” azulcrema.

En la cancha, Cruz Azul destrozó al América. Lo humilló con un convincente, cuanto humillante, 5-2. Fue un accidente como muchos que tiene el futbol. Pero regresando al intríngulis del asunto, reparemos en la falaz conducta de Miguel Herrera y la gravedad de la misma.

Sabemos que ese ente moralino y obtuso que suele ser la FIFA se maneja a discreción, dependiendo de lo que le convenga; pero, aparte de ser un tema sumamente delicado, el organismo rector del futbol mundial ha decidido poner la Espada de Damocles sobre México, por aquello del vulgar, ofensivo, poco creativo y espeluznante grito que los “aficionados” suelen expeler cuando despeja el arquero rival. Sí, ese horroroso y festejado “puto”, que ha puesto ya en riesgo puntos para México en la siguiente eliminatoria.

Por ello, si un tipo reconocido como Miguel Herrera (por lo demás excelente entrenador) suelta la palabreja sin el mayor recato, qué no hará el aficionado de a pie. Digo, hay que echarle tantita cabeza al asunto. ¿Pues qué nos cuesta?

POR JORGE MURRIETA
JORATLA@GMAIL.COM
@JORATLA


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