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Trump y el muro republicano

Un proceso de impugnación contra el presidente tendría que pasar primero por un serio cambio en el Senado

OPINIÓN

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La investigación legislativa hacia un juicio político del presidente Trump parece ganar impulso, tras revelarse que hay un segundo denunciante –y tal vez "múltiples otros"– de sus "peticiones" a gobiernos de otros países en beneficio propio.

Pero a reserva de sorpresas, si el juicio ocurriera hoy, Trump no sería condenado en el Senado, donde su Partido Republicano mantiene una mayoría de 52 a 48 y en el que los senadores obligados hacia el actual presidente, por convicción o por temor, son al menos 40.

De hecho, el líder Mitch McConnell aseguró recientemente que en caso de que la petición de juicio político llegue al Senado, una vez sea aprobada por la Cámara baja, fracasará mientras él encabece la mayoría republicana.

En otras palabras, un proceso de impugnación tendría que pasar primero por un serio cambio en el Senado.

Y eso sin contar con la realidad de que la destitución política de un presidente plantea una crisis tan grave que la cámara alta nunca ha aprobado una, y que la única instancia en que tal vez hubiera ocurrido, contra Richard Nixon en 1975 como consecuencia del caso de espionaje interno revelado por el escándalo de Watergate, terminó cuando los líderes republicanos prefirieron visitarlo para pedirle que renunciara en vez de ser enjuiciado.

Pero nadie espera que Trump acepte una solución como esa. No está en su ADN personal o público.

Para empezar, tiene la certidumbre de que mientras mantenga el respaldo de tantos como 90 por ciento de los republicanos los legisladores de ese partido no se atreverán a condenarlo. Y una impugnación necesita de ellos. Solo unos cuantos, como el excandidato presidencial y ahora senador George Romney, de Utah, tienen base propia y fuerza como para no temer las represalias del mandatario o sus seguidores.

Ciertamente, algunos temen que Trump arrastre al partido en su posible caída.

Son los mismos, o casi, que han señalado que los republicanos se han transformado en un movimiento de hombres blancos, con cada vez menos atractivo para mujeres y grupos étnicos que demógrafos y politólogos consideran como la futura población dominante en EU.

Pero por lo pronto, los que aún constituyen la mayoría de los votantes en los estados que le dan a Trump la mayoría electoral son estadísticamente los hombres blancos de clase media baja y pobre. Y el dominio republicano en el senado está basado en ellos.

Así que Trump puede, al menos por ahora, obedecer a sus instintos y desafiar al Congreso. Después de todo, si bien la mayoría de los estadounidenses apoya la investigación, resulta más o menos el mismo porcentaje de los que reprueban su gobierno.

En otras palabras, el poco más de 40 por ciento que respalda a Trump son casi el mismo grupo que rechaza el juicio político y son un muro de contención impasable.

Así que por lo pronto la impugnación sólo afirma los sentimientos anti-Trump de la mayoría de los estadounidenses, pero no basta para sacarlo de la Casa Blanca.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
JOSE.CARRENO@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@CARRENOJOSE1



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