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El mito en la cita legal

OPINIÓN

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En diversas ocasiones, las versiones o narrativas de hechos o documentos de las actividades de la vida social, tienen distorsiones. Ocurre en el ejercicio de algunas profesiones.

El ejercicio de la abogacía no está liberado de deformaciones. Incluso, debemos reconocer que el flagelo de la corrupción en muy diversos casos no sólo se vincula a la política, sino también, precisamente a la abogacía.

Existen diferentes ángulos o puntos de vista, de conceptos que se citan refiriéndose al mundo jurídico. Cada ángulo es o puede ser diferente versión.

Se dice mucho que la corrupción sienta bases reales en los tribunales, en administración pública, en los centros penitenciarios y otros ámbitos.

También, existe un aspecto de subcultura que en diversos casos campea y es engañar, a través de los medios de comunicación, el sentido o significado de aspectos de determinadas leyes.

Parece un aspecto mínimo e inocuo, pero no lo es.

“Una mentira repetida mil veces (se dice) se convierte en verdad”. Es decir, ubicado el tema en el ámbito legal, se genera una idea falsa de un tema que es objeto y contenido de una ley. ¿”Fraude” al público?

Sin duda, el engaño daña o puede dañar a la sociedad que son o pueden ser reales o hasta mensajes falsos de lo regulado, de lo que nos obliga.

Algunos abogados sostenemos o sostendríamos que la interpretación jurídica es una de las tareas más importantes y de alta responsabilidad del mundo jurídico real.

Se interpreta para conocer los alcances y en el caso de los aplicadores y juzgadores, lo hacen para decir el Derecho. Pero, además, algunos actores de la vida jurídica que son representantes de intereses legítimamente hacen y divulgan “su propia interpretación”, lo cual puede ser entendible, pero sólo la autoridad competente para interpretar da validez a la interpretación.

Claro que diversos actores interpretan para influir en el juzgador.

Sin embargo, debemos reconocer que también tenemos a quienes, parapetados en su papel o protagonismo público o político, indican “lo que dice la ley” o lo que dice un proyecto de leyes y lo que hacen para distorsionar el propio sentido de la ley.

En ocasiones, incluso, la mentira respecto del contenido de la ley genera toda una “imagen colectiva”.

Claro que atrás de ello, está el interés ilegítimo que se debe combatir. Pero hay algo que pudiera ser poco observable, y es en el sentido de que muchos de los que opinan, ni siquiera leen la propia ley de la cual opinan.

Claro que es dañino para la sociedad y, desde luego, que implica poca responsabilidad y una distorsión idiosincrática que indica que, desde nuestra formación, es nuestro deber informarse para opinar, documentarse, es decir, leer aquello que es objeto de opinión, preponderadamente el texto legal de referencia; es lo mínimo que debemos exigir a los protagonistas y líderes.

Es elemental y fundamental. Exijamos respeto y legalidad, incluyendo a los comunicadores sociales.

Desterremos los mitos en la cita legal.

POR ENRIQUE QUIROZ ACOSTA
COLABORADOR


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