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Brújula ideológica

OPINIÓN

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La crisis de los partidos políticos que se vive hoy en nuestro país se puede definir en una frase: “pérdida de la brújula ideológica”. El pragmatismo sustituye el debate ideológico; y en ese contexto, la República se encuentra sin un rumbo definido y a merced de los vientos más fuertes, aunque no sean favorables.

La 4T propuesta por el presidente López Obrador no alcanza aún a definir su orientación ideológica. La propuesta de “cambio de régimen” se traduce en los hechos en un “estilo personal de gobernar” con base en principios dispersos de “ética republicana” que ni sus más cercanos seguidores atinan a descifrar.

Una ideología política, además de constituir una concepción de la realidad nacional, es un conjunto de ideas, principios, valores y programas que establecen un sistema de pensamiento filosófico y político en el que se describen y postulan modos de actuar sobre la realidad colectiva, para perfeccionarla. Una ideología política no es sólo un catálogo de buenas intenciones; debe ser un conjunto de ideas que se sustenten en el discernimiento científico de las condiciones objetivas de la sociedad y en el conocimiento de los instrumentos idóneos para su transformación.

Probablemente el Partido Acción Nacional es el instituto político que mayor claridad tiene sobre su alineamiento ideológico, como un partido conservador, defensor de la iniciativa privada, la preminencia de la propiedad individual sobre la social, las limitaciones a la participación del Estado en la economía, y el orden y los valores morales-religiosos sobre el liberalismo político. Y esto lo ubica como la más evidente oposición a Morena.

Ese partido, aunque no lo dice expresamente en sus documentos básicos, se alinea en los principios del socialismo democrático que postula la corriente socialdemócrata en el mundo, con el agregado de sus planteamientos en contra de la política económica neoliberal de los gobiernos del PRI y del PAN, a los que ubica como la mafia responsable de todos los males del país, como la corrupción, la inseguridad, la impunidad y la pobreza. Su propuesta ideológica es más sencilla, porque es populista y le basta el discurso emotivo y el reparto indiscriminado de dádivas clientelares; aunque no tenga claridad en los objetivos y la viabilidad de un efectivo cambio de régimen.

Por su parte, el PRI se mantiene en un galimatías ideológico, después de perder su condición de partido gobernante y de ubicarse a la zaga de las preferencias electorales. Con una dirigencia nacional formada en el pragmatismo y en los arreglos cupulares, sin valores doctrinales y sin la menor preocupación por el realineamiento programático del partido, que lo mismo puede abordar el discurso del nacionalismo, de la Revolución Mexicana, que el de la social democracia, aunque no le entienda, ni sepa diferenciarse de los postulados de Morena.

Es urgente que los partidos de raíces progresistas recuperen su brújula ideológica; México y nuestro régimen democrático así lo necesitan.

De lo contrario, nos enfrentamos al peligro del naufragio político, con devastadoras consecuencias.

POR JOSÉ ENCARNACIÓN ALFARO CÁZARES

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