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Bolivia y Chile viven el descontento

En Bolivia, la reelección de Morales está en entredicho. En Chile, lo que se desplomó fue la imagen del país

OPINIÓN

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Los problemas en Bolivia y Chile, dos países sudamericanos de tendencias divergentes, que pese a sus diferencias tienen el descontento como común denominador.

En Bolivia, la reelección del presidente Evo Morales está en entredicho. Éticamente cuestionable por la forma en que su candidatura llegó a la boleta y la forma en que se desarrollaron las elecciones, el mandatario moviliza ahora a sus bases para bloquear los intentos de la oposición por presionar con manifestaciones y bloqueos.

Las posibilidades de violencia están presentes, luego de que en un caso que hace recordar un también sonado escándalo electoral en México, en 1988, el sistema de conteo de votos mexicano "se calló, no se cayó". Ahora el turno correspondió a Bolivia, donde grupos independientes denuncian fraudes en el recuento electoral y los datos introducidos a las computadoras.

En una secuela de otro "ejemplo" mexicano, en las elecciones bolivianas votaron también los muertos. El periodista boliviano Juan Carlos Salazar, dio cuenta de dos casos conocidos por él, personalmente, y aunque no pudo precisar por quien sufragaron, si los consideró como uno de los problemas que aquejaron la proclamada reelección del presidente Morales, beneficiario aparente de los errores descubiertos.

La elección, en todo caso, es avalada por un Tribunal Electoral lleno de leales al propio mandatario, y autorizado a violar la Constitución que él mismo impulsó por una Suprema Corte que –¡oh sorpresa!– tuvo el mismo origen.

La oposición, dividida como se presentó a los comicios, ahora parece impulsada por la irritación y favorecida por lo que parece una imagen de fraude.

Sea cual sea el desenlace, no es un fin agradable para la imagen de alguien que pudo haber pasado a la historia como uno de los mejores, si no el mejor Presidente boliviano y por cualesquier razón decidió transmutarse en otro "hombre fuerte" latinoamericano.

En el vecino Chile lo que se desplomó fue la imagen de "oasis" del país. Las manifestaciones populares alcanzaron ya una intensidad que quien sabe si el gobierno derechista de Sebastián Piñera podrá soportar o a que costo.

La explosiva situación social de Chile había parecido adormilada por años, pero un aumento de cuatro centavos de dólar en el precio del boleto del Metro encendió la cólera de estudiantes y sindicatos. En las dos semanas de protestas populares han muerto 18 personas en confrontaciones con las Fuerzas de Seguridad, más de dos mil resultaron lesionadas y otras tantas detenidas.

En ese sentido, la imagen y la retórica de Piñera no lo ayudan a obtener simpatías y mucho menos a resolver una crisis que le estalló en las manos y hasta hace tres días trataba de sofocar por la fuerza, pero sólo la hizo mas grande. Lo cierto es que el largamente contenido descontento chileno hizo erupción y aunque Piñera reculó y ahora trata de tender puentes al cancelar la ley marcial y cambiar de gabinete, las manifestaciones continúan y no parecen tener fin a la vista.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS

JOSE.CARRENO@HERALDODEMEXICO.COM.MX 

@CARRENOJOSE

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