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30 años sin el muro

Crecen los populismos en todo el mundo y hemos entrado en la fase de cuestionar todos los valores y buscar las soluciones

OPINIÓN

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Han pasado casi tres décadas desde la caída del muro de Berlín. Al recordar este acontecimiento que simboliza el derrumbamiento del bloque comunista, muchos resaltan que hay poco que celebrar este 9 de noviembre. Destacan que vivimos en los tiempos caracterizados por una gran inestabilidad, numerosas tensiones políticas y económicas e inusuales protestas sociales.

El trigésimo aniversario de la desaparición del muro coincide, sin duda, con mucha desilusión y expectativas fallidas. La Unión Europea enfrenta los problemas internos como el Brexit y las dificultades en sus relaciones con los vecinos. Rusia sigue sin democratizarse, estancada en la “receta putiniana”. Los Estados Unidos se arrinconan en el proteccionismo e impertinencia de su líder. China, sacudida por las protestas en Hong Kong, intenta enfrentarlos cuidadosamente para no repetir los errores de la Plaza de Tiananmén de 1989. Es notoria la crisis que viven varios países de América Latina a los que se sumó recientemente Chile, considerado un país ejemplar en su desarrollo económico y su transición democrática iniciada justo a finales de 1989. Crecen los populismos en todo el mundo y hemos entrado en la fase de cuestionar todos los valores y buscar caóticamente las soluciones milagrosas.

Ahora bien, todo ello no debería llevarnos a la falsa consideración de que el mundo anterior a la caída del muro de Berlín era un mundo más feliz. Tampoco debería conducirnos a cuestionar los logros de la democracia liberal frente al comunismo. Desde aquel histórico 9 de noviembre de 1989, cuando se inició la destrucción del muro, nos hemos acostumbrado a la libertad, olvidando cómo fue el mundo bipolar y cómo era vivir del otro lado de la cortina de acero, en un sistema comunista que privaba a sus ciudadanos de lo básico en lo político, económico y social.

Desafortunadamente, en las últimas semanas escuchamos nuevamente muchas voces de la izquierda latinoamericana, incluida la izquierda mexicana, que usan los argumentos de la crisis del liberalismo para predicar a favor del comunismo. Aplauden al pueblo que se enfrentó a los gobiernos de Ecuador y Chile, pero se tapan los ojos frente a lo que pasa en Venezuela, Nicaragua y Bolivia, donde una importante parte del pueblo está en contra de las políticas del gobierno en turno. Intentan rescatar lo irrescatable de los principios comunistas y quieren demostrar que el comunismo es la solución a los problemas de esta región y de este país. No lo es, como no lo fue para Europa Central y Oriental, ni para los que probaron el comunismo en América Latina. Hasta China se retractó, estableciendo un modelo económico que se basa en los principios parcialmente liberales.

El liberalismo no resuelve todos los problemas de las sociedades actuales y debemos ir buscando ajustes constantes en la organización política, económica y social basada en sus principios. Ahora bien, la experiencia demuestra que el comunismo conduce directamente al desastre y hay que evitarlo a toda costa.

POR BEATA WOJNA

PROFESORA DE RELACIONES INTERNACIONALES TECNOLÓGICO DE MONTERREY

@BEATAWOJNA 

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