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Pluma y plomo: Moctezuma supo de la alianza de Cortés con los totonacas

OPINIÓN

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Moctezuma supo de la llegada de los españoles, en 1517, al mando de Francisco Hernández de Córdoba, quien luchó contra los mayas de Potonchán. El saldo de muertos indígenas fue alto, aunque en menor proporción al de los visitantes. Ejemplo de la comunicación de la periferia con la metrópoli del Anáhuac fue un casco de hierro español que le llevaron a Moctezuma. Él ordenó que se lo colocaran a la testa del ídolo de Huitzilopochtli en el Templo Mayor. No se equivocaba: coronaba a su dios de la guerra con un casco usado en batalla.

Con mayor rapidez se enteró del arribo de la hueste de Hernán Cortés al llegar a la ciudad totonaca de Cempoala, el 3 de junio de 1519. Así como (lo que era preocupante) de la alianza que los extranjeros habían logrado establecer con el principal del lugar, Cuauhtlaebana, apostrofado como El Cacique Gordo. Por supuesto que ello era una noticia inquietante, ya que los reinos de la costa de Chalchicuecan estaban bajo su dominio mediante el sistema tributario que se imponía con la guerra. Y porque en el pasado, la unión de pueblos sometidos por un reino hegemónico había sido la causa de su derrota. Pero qué lengua hablaban los extraños con que trataran asuntos políticos tan complejos. Fue entonces cuando el tlatoani supo de la existencia de la Malinche, una mujer de la tierra que hablaba náhuatl y maya, que transfería a un español, que sabía el lenguaje del mayab. Su inquietud creció con este hecho. A solas, en el Palacio de la Oscuridad donde meditaba (parece que su meditación para ser profunda y precisa la ejercitaba en tinieblas) supo al mismo tiempo de la condición mortal de los visitantes, a pesar de la conseja popular propagada con rapidez, de que aquellos eran seres divinos. Bastaba con conocer las noticias sobre Potonchán para negarlo, pues ningún dios local atacaba pueblos enteros en son de guerra, además de que en aquel caso no existía ningún pretexto para ello. Y muchos españoles habían quedado tendidos en el campo de batalla. Dos años después supo de la cruenta batalla de Centla.

Si los totonacas de Cempoala y Quiahuiz-tlan podían aliarse con los extraños, ¿qué consecuencias traería tal entendimiento? Cuando partieran los visitantes, él, el tlatoani, dominador de gran parte del mundo mesoamericano conocido, se encargaría de restablecer el orden. Pero le inquietó también así mismo esa mujer de la tierra llamada Malintzin, ya famosa y venerada por la gente de la costa, que era tan cercana al jefe de los intrusos. Consultó con su Cihuacóatl y otros altos señores del reino: la mujer era hija de sus enviados como adelantados a las inmediaciones de Coatzacoalcos, 12 años antes, y que habían fundado con el nombre del escudero de Huitzilopochtli, llamado Painal, el pueblo de Painala, donde ella había nacido entre popolocas. Supo así mismo, que un año antes de que llegara Cortés, un antecesor (Juan de Grijalva) había arribado a la isla –que después se conoció como de Sacrificios– donde presenció los restos de una ceremonia a Tezcatlipoca, que les enseñó la existencia de los profundos ritos religiosos de los naturales.

POR LUIS BARJAU

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