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Una enfermedad que se expande

Chile está entre los 10 países más desiguales del mundo. El aumento a la tarifa del Metro trajo el descontento

OPINIÓN

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La epidemia mundial de descontento social alcanzó a Chile. La llamada “Suiza” latinoamericana presume de una política macroeconómica sólida y del ingreso per cápita más alto del continente, pero también está entre los 10 países más desiguales del mundo, según el Banco Mundial (BM).

Desde hace tiempo en Chile hay quejas contra la desigualdad, la concentración de la riqueza, la impunidad a la corrupción, una situación precaria en la sanidad, en las jubilaciones y en la educación, un cóctel difícil de soportar. Un aumento a la tarifa del Metro hizo estallar el descontento.

El presidente chileno, Sebastián Piñera, con el foro APEC a cuestas para noviembre, presumía que su país vivía una condición de “oasis”, pero eso terminó en un santiamén. Y pese a que hace unos días pidió perdón ante el enojo social, el espiral de violencia ya se había dado. La solución inicial de Piñera fue recurrir a la viejas prácticas del Pinochetismo, léase toque de queda y represión.

Esa epidemia ya había aterrizado antes en Argentina, que obtuvo un préstamo de 57 mil millones de dólares del FMI, bajo la condición de aplicar un lastimoso recorte al gasto público, lo que despertó una ola de protestas que desempolvó a los fantasmas del "corralito" y los cacerolazos.

Y en vísperas de elecciones, las medidas de austeridad del presidente Mauricio Macri lo tienen con un pie fuera de la Presidencia y al kichnerismo con un pie de regreso. Con ello seguramente se abrirá el baúl del olvido, donde terminarán las acusaciones de corrupción contra Cristina Fernández, expresidenta y ahora aspirante a la vicepresidencia.

No es tan diferente lo que sucede en Ecuador, el FMI y el BM concedieron un préstamo de 10,200 millones de dólares para respaldar un rescate financiero, pero exigieron un plan de austeridad, que incluía retirar el subsidio a los combustibles, lo que despertó la furia del sector indígena.

La medida dio pie para que el archirrival del presidente ecuatoriano Lenín Moreno saltara al escenario: Rafael Correa dijo desde su autoexilio en Bruselas que quiere volver a ser mandatario, sin contar que se le adjudica la autoría intelectual del movimiento indígena.

Era previsible que el resultado electoral en Bolivia desataría la furia social; el presidente Evo Morales llegó a su cuarta candidatura de forma legal, pero cuestionable. Y ante lo que parece un fraude electoral, su contrincante Carlos Mesa ya dejó ver que no está dispuesto a ceder.

Al mismo tiempo Venezuela, Brasil, Nicaragua, Haití, Honduras, Hong Kong, Gran Bretaña, Cataluña, Francia y El Líbano han mantenido todo el año la flama del descontento social contra sus gobernantes... El norte de América de ninguna manera es inmune a esa epidemia.

POR ISRAEL LÓPEZ GUTIÉRREZ
ISRAEL.LOPEZ@HERALDODEMEXICO.COM.MX

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