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El vértigo y el látigo

Necesitamos que el Congreso se apiade de nosotros y nos explique los mamotretos que aprueban

OPINIÓN

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Es de tal volumen, espesor y variedad la legorragia o legorrea, el borbotón de nuevas o alteradas leyes que nos circundan y condicionan, que resulta imposible para un humano normal, mantenerse actualizado con las osamentas jurídicas que nos arrojan diariamente las gacetas o periódicos oficiales de la Federación y de los estados. Y mucho menos podemos comprenderlas a cabalidad en su texto, contexto, y trascendencia.

El Congreso de la Unión anda, también, perdido en el espacio, y digo también, pues con la velocidad y corpulencia de las disposiciones legales le resulta a la mayoría de sus pobres integrantes, asaz incomprensibles.

Necesitamos que se apiaden de nosotros y nos expliquen con manzanas, monitos, emojis, videítos o audios con voces regionales, de qué se trata cada mamotreto que aprueban y que nos compelen a acatar rigurosamente.

La mayoría, la inmensa mayoría de los mexicanos, no sabe que existe un principio, expresamente plasmado en nuestras normas vigentes, que señala que contra la observancia de la ley no se puede alegar ignorancia, desuso costumbre o práctica en contrario.

La mayoría no lo sabe por la simple razón de que, si sumamos a los menores de edad, con los analfabetos y con los 27 millones que se encuentran en pobreza alimentaria, más los que no hablan el castellano, puede asegurar que con facilidad alcanzan a ser más de la mitad de los que habitamos en este bello y generoso país y, por lo tanto, podemos colegir que desconocen las leyes que nos rigen.

Pero no es a ese importante grupo al que aludimos esta vez, sino al de nosotros, los que como usted y este calámico, más o menos nos mantenemos informados.

Si no fuera así, no estaría leyendo esta farragosa parrafada.

Hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación está contra usted anhelada académica o contra ti carbohidrático amigo, pues ha declarado en su jurisprudencia: “La ignorancia de la ley no excusa su cumplimiento, y esta regla se funda en la presunción legal de su conocimiento, presunción que ha sido dictada por la necesidad, puesto que, si este conocimiento se debiera subordinar a un juicio de hecho entregado al criterio del sentenciador, la ley no sería eficaz por sí misma ni general para todos.”

Estamos fritos, ya ni la iglesia nos ayuda, pues piensa: ignorantia juris non excusat o ignorantia legis neminem excusat.

Bueno compatriotas, ni siquiera como consumidores tienen la menor compasión por nosotros, la propia Ley Federal de Protección al Consumidor dice que sus disposiciones son irrenunciables y contra su observancia no podrán alegarse costumbres, usos, prácticas, convenios o estipulaciones en contrario.

¿Realmente la ignorancia de la ley no excusa de su cumplimiento?

¿De quién es la culpa de que no conozcamos las leyes? ¿Usos y costumbres?

POR RAMÓN OJEDA MESTRE
COLABORADOR
@ROJEDAMESTRE1


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