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Lo que nadie te cuenta

la bandera de tu país genera un orgullo por tu patria, que hace que se te olviden sus inconvenientes

OPINIÓN

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Un estandarte funge como símbolo de miles de agremiados a una misma creencia. Pero también es verdad que las banderas levantan muros, fronteras y algunas veces provocan más nostalgia que honra.Me tocó llegar a Barcelona e iniciar mi nueva vida en esta ciudad en un momento histórico importante y simultáneamente agitado.

La crisis entre Cataluña y el Estado Español lleva tiempo sin llegar a un acuerdo y la división social que eso ha provocado flota en el aire. A raíz de darse a conocer la sentencia del Procés, comenzó una movilización ciudadana que se ha convertido en noticia no sólo dentro de España, sino en el resto del mundo. Con mucha sorpresa recibo mensajes de gente querida que desde México me pregunta con preocupación si estoy bien porque se han difundido imágenes de una violencia tremenda; como si la ciudad entera ardiera en llamas y fuera imposible salir ni a la esquina por el ambiente convulso que dicen los medios que se vive aquí.

El viernes fui a la manifestación masiva para conocer un movimiento que en los últimos 10 años se ha fortalecido y al que, desde siempre, lo ha caracterizado el civismo y la paz. Quise vivir la experiencia de cómo más de un millón de personas cumplían con una convocatoria que les invitaba a defender sus derechos. A ritmo de consignas caminé entre niños, abuelos, personas con sus mascotas o jóvenes.

Todos tenían en común coros al unísono o las banderas que cargaban en su espalda; pero por encima de eso, a todos les brillaban los ojos de solidaridad y esperanza. Sin ser de aquí, ni inclinarme por ninguna de las posturas, aprecié mucho haber presenciado el acto y lamenté con tristeza que no sean ésas las imágenes que ocupen las primeras planas de los diarios, ni la información estelar en los noticieros de la televisión, porque esos espacios están tomados por un grupo de radicales que prende fuegos puntuales en algunas zonas de la ciudad y lo convierten todo en la simulación de un movimiento violento.

¿Violencia? Sólo hay que mirar a Culiacán. Barcelona no arde en llamas; sólo quiere ser escuchada y por ello, durante una semana, han salido a las calles millones de catalanes de forma cívica y pacífica a manifestarse, porque nadie me lo cuenta ¡yo lo vi! Y eso no es lo que se difunde en el mundo porque, lastimosamente, hay intereses a los que no les conviene.

Vi banderas españolas, catalanas, independentistas, vascas, italianas y hasta un contingente japonés. Todos sus portadores convivieron ordenadamente a pesar de fronteras geográficas y muros políticos y ésa, ¡ésa es la historia que merece ser contada!

POR ATALA SARMIENTO 

COLUMNAS.ESCENA@HERALDODEMEXICO.COM.MX

@ATASARMI

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