Haz tu denuncia aquí

El pollo asesino

con gran imprudencia, ASÍ CALIFICARON MUCHOS A ANTONIO BRISEÑO, TRAS EL IMPACTO SOBRE GIOVANI DOS SANTOS

OPINIÓN

·

Nadie sabe en realidad qué pasó por la mente de Antonio Pollo Briseño en el momento en que tuvo “a modo” el muslo de Giovani dos Santos. Lo que sí sabemos es el resultado: Gio quedó con una especie de balazo sangrante en su pierna, que lo mandó directo al hospital. Un golpazo brutalmente aparatoso que se robó todos los reflectores del llamado Clásico Nacional del futbol mexicano. Incluso consiguió desviar la atención del triste desempeño futbolístico del Guadalajara el sábado por la noche en el Estadio Azteca.

No, no fue un accidente, El Pollo no chocó, no es que haya tenido tiempo de pensar las consecuencias de su actuar, pero dirigió sus tachones directamente a la pierna enemiga, probablemente por instinto, por coraje del baile futbolero que le estaban dando, o sin ninguna razón explicable, pero resulta impensable concebir que no le quiso dar. No encogió la pierna, ni la intentó bajar al pasto. Así como un goleador le pega al balón que de sorpresa le cae cerca, Briseño le pegó a una pierna del rival que vio a modo.

No hubo premeditación, no lo fue a buscar. Sencillamente Antonio optó por la falta de acuerdo a las circunstancias que se le presentaron.

Nadie, insisto, nadie puede saber qué pensó El Pollo en esos instantes. Creo que no planeó causarle daño a Giovani, no tuvo la intención de sacarlo en ambulancia del Azteca. Se equivocó, no midió las consecuencias. Seguramente, si hubiera tenido tiempo de pensarlo, ni siquiera hubiera cometido falta… todo fue tan rápido.

“No fue mi intención causarte ningún daño, somos compañeros de profesión”, dijo Briseño en un video que grabó para que lo vieran miles en las redes sociales,—me imagino que tampoco quisiera dañar a alguien que no sea su “compañero de profesión”—, pienso que también hizo lo posible para que el mensaje le llegara a Giovani, y no sólo a los “chismosos” del Twitter, Facebook, etc.

Con la misma imprudencia con la que Briseño dejó ir sus tachones al muslo de la pierna derecha de Giovani, muchos periodistas, analistas, aficionados y opinadores tomaron sus teléfonos para darle un calificativo al jugador de las Chivas a través de las redes sociales. Como si ellos tampoco hubieran tenido tiempo de pensar —aunque claro que lo tuvieron—, sus temibles dedos se fueron a las pantallas para destrozar al Pollo con palabras completamente fuera de proporción para juzgar una falta en un campo de futbol.

Igual que Briseño, muchos, demasiados autonombrados jueces, no midieron las consecuencias de sus acciones; en este caso, de sus palabras.

Al zaguero rojiblanco no lo bajaron de “asesino”, “criminal”, y “delincuente”. Así de fácil, rapidito, sin detenerse unos minutitos a pensar. La cosa es opinar, hacerse notar juzgando de inmediato, en caliente.

Y con una sencillez aterradora, a una persona la calificamos como “asesina”, como si las palabras no tuvieran peso, como si no fueran importantes.

Curiosamente son ellos quienes más se quejan del desafortunado grito de “puto” en los estadios.

POR PONCHO VERA
@PONCHOVPOF


lctl