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El oprobioso desgobierno de Morena

Ha pasado, en menos de un año en el gobierno federal, de ganador casi absoluto, a un acelerado deterioro

OPINIÓN

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Ningún partido político gobierna eficazmente si no es capaz de gobernarse a sí mismo. Y en Morena, el partido en el Gobierno de la República, se han sucedido signos de desgobierno que este fin de semana se tradujeron en balazos, robos, golpes, cruce de insultos, desorganización, influencia de servidores públicos y ¡hasta ausencia de militantes!

Morena ha pasado, en menos de un año en el gobierno federal, de ganador casi absoluto -con apenas cinco años como partido político- a un acelerado deterioro que compromete el proyecto de la Cuarta Transformación que ofrece Andrés Manuel López Obrador.

Este fin de semana Morena celebró 122 asambleas distritales en dos circunscripciones, pero una cuarta parte -30- fracasó: siete fueron suspendidas por violencia -incluyendo cuatro heridos de bala en Jalisco-, 14 con conflictos internos y seis por falta de quórum.

El caso de Jalisco, que gobierna el emecista Enrique Alfaro es especial, porque 13 de las 20 asambleas fueron canceladas y en las de Guadalajara y Zapopan sujetos abrieron fuego contra militantes. “No se trató como algunos medios han querido hacer creer, de disputas internas ni fueron expresiones de delincuencia común; los ataques tuvieron los propósitos de causar pánico, desalentar la participación, presentar una imagen de Morena como organización rijosa y conflictiva, y tomar el control de representaciones y dirigencias locales”, aclaró Morena.

Es verdad que la violencia con ánimo homicida en Jalisco y en Sinaloa podría no ser de miembros de Morena, pero casi todos los choques los protagonizan facciones internas que desde la cúpula han infectado a las bases.

El problema no es sólo Morena, que de suyo es de interés público, sino su imbricación con el gobierno: Las facciones cruzan acusaciones que inclusive configuran delitos por el uso de recursos públicos.

La propia presidenta de Morena, Yeidckol Polevnsky –sin autoridad moral por el perdón que le dio Enrique Peña para no pagar 16 millones de impuestos-, acusó al coordinador de programas federales, Gabriel García, no sólo de adulterar el padrón, sino de usar el aparato público para fines partidistas. “Mi acusación directa es para Gabriel García, a quien le pido que saque las manos del partido, que deje de meterse en el partido y no mal use a los servidores de la nación ni a los delegados en los estados, porque es inaceptable que quiera poner delegados a modo, porque esa no es la línea del Presidente”, declaró Polevnsky.

García ya fue degradado de coordinador de “superdelegados” a sólo coordinador de los programas sociales, adscrito a la Secretaría del Bienestar y no a la Presidencia, según los “lineamientos” emitidos por el consejero jurídico, Julio Scherer Ibarra, con quien tiene un pleito tan intenso como con el secretario particular de López Obrador, Alejandro Esquer.

Convendría a Morena -y al gobierno- tener responsabilidad y frenar su perredización. La oposición está ahora despedazada, pero el desgobierno puede unirla...

 

 

POR ÁLVARO DELGADO

ALVARO.DELGADO@PROCESO.COM.MX

@ALVARO_DELGADO

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