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Pluma y plomo: Moctezuma enfrenta la llegada de los españoles

OPINIÓN

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Intimamente, Moctezuma adquirió un sentido definido de su humanidad mortal. En contraste con la fe dogmática de su pueblo, que tenía la creencia de que el tlatoani era un dios. Hombre-dios es desde luego una ambivalencia evidente. Pero el gobernante de una acendrada teocracia tenía que hacer uso de su divinidad asignada, porque era la culminación de su poder. Al mismo tiempo, era su soledad y la forma de acercarse con los asuntos cotidianos del reino.

La dualidad religiosa tenía su fundamento en la teocracia: los dioses extremos, del cielo y el inframundo (que los cristianos llamaron “infierno”) conformaban una pareja, Ometecuh-tli y Omecíhuatl, (ome, dos; tecuhtli, señor; cihuatl, señora) pareja divina del cielo. Por otros nombres, Tonacatecuhtli y Tonacacíhuatl, “pareja de nuestro sustento”.

Sus antípodas del infierno, Mic-tlantecuhtli y Mictlancíhuatl (miqui, muerte; tlan, en el lugar de) son nuestros señores de la región de la muerte.

De este dualismo viene la tesis de la creación de los dioses: un teomama o guía o gobernante del pueblo recibe instrucciones, en sueños, de la divinidad. A fuerza de guiar, de empoderarse y prestigiarse, deviene, él mismo, una deidad. Por eso Moctezuma era considerado un dios y él mismo asumía su divinidad, cuestión que es propia de la religión mexica.

Los antecedentes son remotos. Desde la época en que los aztecas decidieron emigrar de Aztlán-Chicomoztoc (cuna en que vivieron durante un milenio) hacia la meseta central, los guiaba la dualidad homo Deus, la figura del “hombre-dios”. El primer dios era Tetzauhtéotl Yaotequihua. Y su teomama, Huitzilin. Que a un cierto punto del viaje deviene Huitzilopochtli. En los orígenes de Teotihuacan un mortal, Nanahuatzin El Bubosillo, con valentía inaudita, se arroja en una pira de fuego, y como consecuencia sale disparado a los cielos y se transforma en un dios, el Sol. Enseguida Tecciztécatl, El Señor de los Caracoles también se arroja y se convierte en la luna, otra deidad.

En Tula, Ce-Ácatl Topiltzin, su gobernante mortal, abandona la ciudad por presión del dios Tezcatlipoca, y yendo por el mar del Golfo, se transforma en Quetzalcóatl. Los ejemplos son muchos.

Por eso podemos entender que cuando Moctezuma percibe la amenaza de un aguerrido grupo invasor que con la rapidez de su llegada a Chalchiuhcuecan (Veracruz) se pudo aliar con el pueblo totonaca, su preocupación no se limitaba al inminente enfrentamiento de guerra, sino que anunciaba un cambio de edad, y por ende, el derrumbe de su reinado.

¿Cuáles fueron las características de su actitud preventiva? La narrativa tradicional nos presentó a un Moctezuma al borde de una catarsis de terror. Estudios contemporáneos niegan que tal situación haya ocurrido. Para orientarnos por los senderos de la verdad histórica, debemos evaluar las fuerzas guerreras que conservaba el imperio mexica después de la devastadora peste de viruela de 1520 que arrasó con más de la mitad de la población. Y también el grueso de la alianza indígena en el momento del golpe a la metrópoli, al año siguiente.

1520 fue el año de la peste de viruela que arrasó a los mexicas.

1000 años vivieron los aztecas en Aztlán-Chicomoztoc.

POR LUIS BARJAU

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