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Dulce es la venganza

Si Medina Mora se enriqueció en el poder, debe ser castigado por un régimen que se supone distinto

OPINIÓN

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¡Qué dulce es la venganza!”,

le dijo un día lejano mi abuelita Conchita a su hijo menor, Wilbert, mi papá, que siempre tuvo la misteriosa cualidad de ser muy sensible, un niño que desde pequeño era capaz de escuchar y de transmitir emociones a través de la música –era un apasionado pianista clásico–, o por medio de las palabras, en La Prensa, el diario donde fue un reportero todoterreno, pero sobre todo, un periodista entregado a su gran pasión: la nota roja.

Mi papá, que entonces debió tener seis años, se le quedó mirando a mi abuela, según relataba ella cuando era una anciana, y le dijo:

Es dulce la venganza, pero más dulce es el perdón”.

Me acordé ayer de esta anécdota mientras daba cuenta de la noticia del día, que es la misma desde hace varios días: la renuncia del ministro Medina Mora, procurador en el gobierno de Felipe Calderón, un personaje relacionado al expresidente Peña Nieto y su grupo –Videgaray, Lozoya, Rosario Robles, Ruiz Esparza–, todos envueltos en escándalos de un modo de corrupción que parece haber superado con brillante perversidad cualquier antecedente.

¿Qué tiene que ver el perdón con todo esto?

El principio de esta historia se remonta a la toma de posesión de López Obrador: “Propongo al pueblo un punto final a esta horrible historia, y mejor empecemos de nuevo”, dijo al anunciar su intención de no perseguir a funcionarios de gobiernos anteriores.

Ignoro cuál fue la respuesta que recibió el Presidente del pueblo, pero está claro lo que ha pasado. Menos de un año después Rosario Robles está encarcelada –bajo un proceso muy cuestionado– y Emilio Lozoya, ex director de Pemex, se encuentra prófugo, también acusado de corrupción.

El punto final propuesto se evaporó. En lo personal me da gusto, porque no creo en perdonar los saqueos y despojos desde el poder. Pero me preocupa que pueda repetirse la práctica de la justicia selectiva, o como dijo Juárez: “A los amigos justicia y gracia, y a los enemigos, justicia a secas”.

El periodista Mario Campos, colega de El Heraldo Radio, dio a conocer documentos que confirman que la Unidad de Inteligencia Financiera, que dirige Santiago Nieto, solicitó el 3 de octubre a bancos e instituciones financieras congelar las cuentas de Medina Mora y de sus hermanos, y dos días después volvió a girar oficios para pedir lo inverso: que descongelaran las cuentas de los hermanos del ministro, cuando Medina Mora ya había renunciado.

El Presidente necesita de una Suprema Corte que acompañe su proyecto de nación. Hasta ahora no tiene ese respaldo y las obras importantes –el aeropuerto o la refinería– están detenidas, asediadas por decenas de amparos.

Si Medina y sus hermanos se enriquecieron en el poder, deben ser castigados por un régimen que se supone distinto. Utilizar la justicia como una carta de póker sólo representa perpetuar el viejo régimen.

POR WILBERT TORRE

WILBERTTORRE@GMAIL.COM 

@WILBERTTORRE

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