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La nube rosa de la 4T

El nuevo gobierno confunde prisa con atropellamiento y lo necesario lo justifica con la imposición

OPINIÓN

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El gobierno del presidente Enrique Peña mostró su color y textura temprano, menos de 200 días después de asumir el poder, cuando comenzaron a repetirse los escándalos que recordaron la corrupción y los excesos de José López Portillo y Luis Echeverría, mientras el eslogan del Nuevo PRI se desmoronaba como no había sucedido en el partido en más de ocho décadas. A un paso también inusitado, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha dado luz sobre sus formas y estilos de gobernar, al replicar el avasallamiento legislativo, la imposición y el autoritarismo político que caracterizaron a aquellos dos ex presidentes de triste y obscura fama popular. El primer hecho bochornoso que llevó a miles de votantes de Peña a arrugar el entrecejo ocurrió cinco meses después de su ascenso. La incriminada era Andrea Benítez, quien había llamado a la Procuraduría Federal del Consumidor para quejarse porque el personal del restaurante Máximo Bistrot le había negado una mesa. Solícitos, los inspectores clausuraron el restaurante con una celeridad inusual. La quejosa es hija de Humberto Benítez, en ese momento procurador Federal del Consumidor y uno de los miembros más conspicuos del (¿aún?) ultra- poderoso Grupo Atlacomulco, la cuna de Peña y de otros priistas de leyenda como el profesor Hank, el clan Del Mazo y Arturo Montiel, tío de Peña. La actitud de la hija desató la primera crisis política del régimen peñista. Benítez renunció en medio de un vendaval de críticas a la prepotencia y el uso de las instituciones para beneficio personal. La primera crisis política de Vicente Fox se desató un año después de su histórica elección, al revelarse una lista de compras en la residencia de Los Pinos por más de 800 mil dólares y obras de remodelación por medio millón de dólares. Se volvieron famosas, como ejemplo de los excesos en el gobierno panista, las toallas de 400 dólares y las sábanas de 3 mil 500 dólares. ¿Cuándo llegará la primera crisis política del presidente López Obrador? Los ciudadanos, de acuerdo con las encuestas más recientes, le han perdonado a AMLO prácticamente todos los errores y las pifias cometidas desde el día que ganó la elección. La victoria aplastante le ha permitido a AMLO soportar o sacudirse casi todo: la cancelación del aeropuerto, el despido arbitrario de miles de burócratas, un tacto político de barro en medio del estupor por la muerte de la gobernadora de Puebla, Martha Ericka Alonso y el senador Moreno Valle, y el atropellamiento en la formación de la Guardia Nacional, bajo condiciones de ilegalidad confirmadas por el Presidente al anunciar el reclutamiento antes de que el Congreso apruebe la reforma constitucional. El nuevo gobierno confunde prisa con atropellamiento y lo necesario lo justifica con la imposición. Los 30 millones de votos sobre los que está sentado AMLO son un barril de pólvora. Con formas autoritarias e impositivas, el Presidente no podrá alargar mucho más, sin pagar los costos, la nube rosa del ensueño democrático.  

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