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Guerrero por Guerrero

La paz y la seguridad de los guerrerenses son prioridad y obligación impostergable de los tres niveles de gobierno

OPINIÓN

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El estado de Guerrero opera como laboratorio nacional. A las innovaciones y avances de todo tipo suma rezagos y exclusiones. Un paso adelante resulta del esfuerzo en contra de la tiránica inercia de la historia. La actual violencia del Estado actúa además como disolvente político, social, económico y cultural. La coyuntura de Guerrero es tan compleja como indescifrable. La paz y la seguridad de los guerrerenses son prioridad y obligación impostergable de los tres niveles de gobierno. Si la sociedad se asemeja a un organismo vivo, la paz asegura la salud entre las partes. Su ausencia promueve la violencia y fomenta la querella. Ninguna sociedad se levanta sobre el conflicto que dispersa y confronta. La paz es imprescindible para que una sociedad acceda al progreso y a la democracia. Las causas de la violencia en Guerrrero residen en su entramado político y económico. Su tejido institucional es una urdimbre de complicidades que lo cohesiona en apariencia. La consecuencia, previsible: más marginación. El apresurado diagnóstico expone un Estado de Derecho a modo, sobre todo en lo municipal, que incide en la pobreza, en la desigualdad, en la corrupción, en la impunidad. A diario se registran acciones violentas de grupos que no sólo pretenden el control de zonas de siembra y trasiego de drogas, sino que se disputan el de las plazas rurales y urbanas. Extorsionan, cobran cuotas y reclaman derecho de piso a los ciudadanos. La impunidad exhibe la dramática situación de cientos de desplazados, muchos de escasos recursos, que han abandonado por obligación sus hogares en la Sierra, Tierra Caliente y Montaña. También hay que añadir a las autodenominadas policías comunitarias o autodefensas manejadas por delincuentes. El uso de la fuerza no parece viable. México Evalúa registra que “ser policía en México no es fácil y resulta aún más difícil serlo en Guerrero: falta personal, las jornadas son extremadamente largas, los sueldos son bajos, hay conductas denunciables en el interior de las corporaciones, etc. Con esta debilidad institucional, resulta sumamente complicado atender de manera eficiente el problema de violencia que se vive en el estado. “En este sentido, el gobierno entrante tendría que reformular algunos elementos del Plan de Paz y Seguridad para atender este tipo de contextos. La Guardia Nacional o los programas sociales no alcanzarán para remontar años de debilidad institucional en estados como Guerrero.”

Diacrítico. La paz no resulta de una acción individual. Ni el gobernador ni el Presidente de la República pueden garantizarla por decreto o con programas sociales o incrementando las fuerzas de seguridad. AMLO se contradice. Hace unos meses sostenía que el “mal no se combate con el mal”, en referencia a la fuerza pública. Hoy apuntala su estrategia de seguridad aumentando los efectivos militares, integrados en la Guardia Nacional, para que asuman la pacificación.

 

jcamacho68@gmail.com

@camacho_jorge