Haz tu denuncia aquí

¿Purificar a México? ¿En qué sentido?

El término tiene una acepción religiosa; para el catolicismo la confesión sincera equivale a limpiar el alma

OPINIÓN

·
No paramos con las sorpresas. Ahora resulta que el Presidente constitucional está decidido a purificar a los mexicanos. De inmediato me asalta la duda, ¿a cuál purificación se refiere? ¿Será que estamos destinados al rito y la parafernalia de la pureza hebrea: alimentos, abluciones y días impuros? Lo dudo. Supongo que AMLO se refiere a las diferentes actitudes con las que los mexicanos hemos de modificar al ser referido por Emilio Uranga y otros filósofos. Nuestro comportamiento ha de transformarse, como distinta debe ser la conducta de los católicos después del arrepentimiento y la confesión. Es la purificación del alma, de las actitudes, de la percepción, el lugar individual en la sociedad, el punto de los mexicanos en el mundo. La pureza está en el corazón, se manifiesta en las intenciones y estilo en cómo deben resolverse los contenciosos entre personas y entre instituciones. Aunque cuidado, porque la purificación también nos remite al culto, y pienso en las pretensiones que revelan lo dicho por Porfirio Muñoz Ledo cuando se refirió a la transfiguración de AMLO al momento de la toma de posesión. El poder humano dejó de aceptarse como de origen divino al triunfo de la Revolución Francesa; hoy las monarquías son ornato o un efectivo contrapeso para garantizar el equilibrio de poderes, desempeñan una función política, pública y de dimensión humana. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento nos remiten a la purificación por el fuego. Dante, en La Divina Comedia, refiere con puntualidad la manera en que han de aplicarse los castigos; en cuanto a esa idea de Plauto, popularizada por Hobbes, de que el hombre es el lobo del hombre, la actual novela negra nos detalla las diversas formas en que el ser humano termina por comprender que carga con su propio infierno, es decir, con su personal fuego de purificación. Si la hipótesis es válida, vale la pena preguntarse en qué consiste el fuego purificador de Emilio Lozoya Austin, pero también el de Arely Gómez, cuyo pecado civil y político es mayor, porque sirvió de tapadera y favoreció un mal mayor: la impunidad. Por eso la protegen en el Poder Judicial de la Federación. ¿Hay purificación sin castigos ejemplares? ¿Puede transformarse, para bien, el comportamiento de una nación de 120 millones de habitantes, sin ejemplos, sin lenitivos que limpien el carácter nacional y el alma de manera individual? La pretensión es mayor e inalcanzable, porque ¿quién garantiza que el purificador recién sale de un baño de pureza y es capaz de propiciar arrepentimiento y proponer redención? Por lo pronto, lo que se percibe es una ingeniosa vía civil y política para llevar a México a la restauración; es preciso reconocer que ese presidencialismo, que están empeñados en recuperar, no es precisamente la pureza ejemplificada, porque la impunidad ha sido y es su sello de garantía. Pregúntenlo a la nueva contralora de jueces, magistrados y ministros federales.