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Ricardo Pascoe: ¿Desaparecer las Fuerzas Armadas?

OPINIÓN

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Alfonso Durazo, próximo secretario de Seguridad Pública federal, anunció la intención del gobierno federal entrante de “transformar” a las Fuerzas Armadas, bajo el argumento de que no existe peligro alguno de una invasión extranjera a México y, por tanto, pueden mejor servir como coadyuvantes en las tareas de seguridad pública. Es decir, bajo el mando central de la nueva SSP, que casualmente él encabezará. Faltó agregar: ni ahora ni nunca habrá una amenaza del exterior al territorio nacional. Se entiende, por las palabras del futuro secretario, que la intención del próximo gobierno es “desaparecer” a las Fuerzas Armadas, tal y como las conocemos en la actualidad. Debemos preguntarnos por qué, si Durazo ve con tanta claridad que no existe justificación alguna para la existencia de las Fuerzas Armadas, ¿cómo es que nadie se había percatado de ello hasta ahora? O ¿será que hay algo en la relación funcional Estado-Fuerzas Armadas que el futuro secretario desconoce? Habrá que indagar más profundamente el tema. ¿Por qué todos los países del mundo cuentan con fuerzas armadas y agrupamientos policiacos, y cada uno de esos cuerpos tiene sus tareas y responsabilidades específicas, definidas en leyes y reglamentos? ¿Qué es lo que no han visto, que sí ha observado el nuevo gobierno mexicano? El primer tema de la separación de fuerzas armadas y policías tiene que ver con las funciones específicas de cada cuerpo. Las Fuerzas Armadas tienen la responsabilidad de resguardar y asegurar la continuidad del Estado y su funcionamiento, mientras la Policía tiene la responsabilidad de asegurar que las leyes se apliquen en todo el país y detener a los infractores de la ley. Visto así, la seguridad nacional es responsabilidad de las Fuerzas Armadas y la seguridad pública ciudadana de la Policía. Confundirlos y pensar que son la misma cosa es un error conceptual y práctico. No es lo mismo aprehender un robacoches, un ambulante o un secuestrador, que agreden a ciudadanos en sus vidas y economías cotidianas, que aprehender a guerrilleros o capos cuya actividad va contra personas, pero más que nada contra el Estado y su legitimidad. Quienes agreden al Estado lo hacen cuestionando su capacidad de ejercer todas o algunas de sus tres funciones básicas: asegurar el Estado de Derecho, cobrar impuestos y ejercer el dominio sobre las fuerzas coercitivas de la sociedad. La Policía mantiene el orden público, mientras las Fuerzas Armadas resguardan al Estado. A los dos se les puede traslapar o conjuntar sus funciones en algún momento, pero son de naturaleza esencialmente diferente. La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y todas las leyes referentes dejan en claro la distinción entre unos y otros. Volver sobre esa discusión parecería un ejercicio de futilidad. Por esto resultan preocupantes las disquisiciones del futuro secretario de Seguridad sobre estos temas. A ello se agrega el hecho de que anunció que habrá una Gendarmería, y luego el Presidente electo dijo que no. Y la promesa de campaña de regresar los soldados y marinos a los cuarteles en 50 días se ha extendido a 3 años, cuando todos los análisis serios sobre el tema indican que las Fuerzas Armadas podrán ser realmente sustituidas en la tarea del restablecimiento del orden en un plazo de 10 años. Tomar las riendas de la seguridad pública es una tarea de por sí compleja y difícil. Pero hacerlo en medio de un enfrentamiento con los secretarios de la Defensa Nacional y Marina se antoja un ensayo destinado al fracaso. Existe una dinámica de muchos anuncios ante los medios de comunicación sobre estos temas de seguridad nacional y seguridad pública que prestan a mucha confusión e inestabilidad innecesarias. Sería aconsejable dejar de hablar tanto, ciertamente dejar de hacer promesas cuestionables, y escuchar a los expertos. Los políticos deben callar y escuchar. Este periodo de transición debiera servir para eso, justamente. México necesita a sus Fuerzas Armadas y necesita una Policía nacional, no federal, con sus respectivos aparatos de inteligencia. Así de escueto debiera ser el propósito del próximo gobierno para recuperar la seguridad ciudadana.