Haz tu denuncia aquí

El fin de la destrucción

las marcas de lujo prefieren destruir sus productos, antes que venderlos más baratos o que caigan en canales de distribución ajenos a ellos

OPINIÓN

·
La destrucción de los productos de lujo no vendidos es uno de los secretos más negros en la industria de la moda; sin embargo, es una práctica común llevada a cabo por los grandes emporios de moda desde hace muchos años, con el propósito de no “abaratar” su producto o que termine en el “mercado gris”. Aún recuerdo la primera vez que me enteré de esto, me quedé atónita, fue en una presentación de Dior, en donde pregunté si alguna vez las bolsas se ponían en barata, y fue entonces que la directora general de la marca me dijo lo que sucedía con los productos que no se vendían. Me pareció increíble, pero es una práctica que la mayoría de las marcas de lujo realizan, prefieren destruir sus productos que venderlos más baratos o que caigan en canales de distribución ajenos a ellos. Y no sólo sucede con bolsas, también con zapatos, cosméticos y relojes. La marca Richemont, dueña de Cartier y Jaeger-LeCoultre, ha reportado destruir 412 millones de euros en relojes de sus marcas. Burberry, la icónica marca inglesa, dijo esta semana que no participaría más en esta práctica, después de que el mes pasado se supiera que destruyó 36.8 millones de dólares en mercancía. También anunció que buscará otras formas de lidiar con sus productos no vendidos. Marco Gobbetti, director de la marca, dijo que entiende que, aunque hay que proteger la imagen, hoy es parte de su agenda revisar la vida y muerte de sus productos. Y es que el lujo de hoy está íntimamente relacionado con la sustentabilidad y la conciencia social. La práctica de destruir el exceso de inventario o la mercancía no vendida va en contra de estos valores, y el consumidor busca asociarse con marcas con moral. Ahora bien, existen productos como cosméticos que tienen otro problema: fecha de caducidad, y que al ser consumidos después de ésta pueden llegar a ser peligrosos, por lo que se deben encontrar formas más convenientes para deshacerse de ellos. Sin satanizar ninguna postura, y viendo todos los lados de la historia, uno de los atributos de los productos de lujo es su exclusividad, y el cliente que consume estos y pagó caro por ellos no los quiere ver revendidos en el “mercado gris”. Un problema difícil de solucionar con los precios muchas veces inflados por parte de las marcas, que no siempre cobran precisamente por calidad y mano de obra. La ley de la oferta y la demanda parece ya no estar funcionando tan bien con los nuevos conceptos, los clientes conscientes y las industrias socialmente responsables. Mientras tanto, el mercado de compra-venta de lo vintage va en ascenso mundialmente, ya no solamente en ventas por internet, sino con boutiques en calles como Madison Avenue en Nueva York, y Melrose Avenue, en Los Angeles; la gente ha encontrado una forma inteligente de comprar lujo sin gastar tanto y reciclar al mismo tiempo.