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Estructuras

Es probable que aquí sea donde más rechine y se sacuda la transición de terciopelo

OPINIÓN

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Hace más de 10 años, en Nueva York conversé varias veces con el arquitecto Enrique Norten, entonces una estrella en ascenso de la arquitectura neoyorquina. De esas charlas hoy rescato dos aspectos: Cada vez que nos reunimos a conversar a lo largo de tres años lo hicimos en un taller cada vez más pequeño, en medio de la crisis económica que en 2008 arruinó varios proyectos del arquitecto creador de rascacielos, hoteles y museos en Norteamérica. Lo segundo es que a lo largo de nuestras charlas, al explicar su proceso de creación, Norten desmitificó con vehemencia el trabajo del arquitecto, distanciándolo de un rayo de luz que ilumina su pensamiento y le produce una idea. Cuando está frente a un proyecto, ¿qué surge primero? ¿La idea? ¿O los trazos iniciales surgen de manera inconsciente? “Todo es simultáneo. La arquitectura es muy compleja y no es una cuestión de inspiración y de trazos o líneas”, dijo Norten. “Hay que entender una problemática compleja formada por varias capas de información que hay que analizar, digerir y permitir que vayan en una manera casi cubista haciéndose transparentes unas con otras”. Hace unos días recordé esta última parte, a propósito del difícil proceso de cambio de gobierno en México. En ocasiones podemos olvidar que el funcionamiento de un Estado y de un gobierno descansa so-bre unas viejas estructuras que están vivas. Quien ha pasado la noche en una casa o en un departamento nuevo, ha escuchado unos crujidos estridentes, como una explosión surgida de las entrañas de concreto. Esos ruidos son producto de la expansión y la dilatación de los materiales utilizados para la construcción. A semejanza de la arquitectura, la forma en la que funcionan un Estado y un gobierno es compleja: no es una cuestión de inspiración; consiste en comprender una cadena de problemas y acciones que involucran capas de información que deben analizarse hasta lograr que en una manera casi cubista vayan acomodándose. En la transición previa al cambio de diciembre, las estructuras de gobierno han comenzado a producir unos tronidos estentóreos propios del reacomodo y la nueva adaptación. Es el inicio de un proceso complejo en el que personajes, estructuras e instituciones tendrán que ir encontrando su nuevo espacio, voz y formas de conducirse. López Obrador tropezó con las formas y el fondo cuando llamó “corazoncitos” a dos periodistas. Lo censurable no es la palabra ni el tono, comunes en la jerga y las costumbres tabasqueñas, sino que AMLO replique actitudes políticas como no dar la cara o evadir cuestionamientos, un patrón de conducta en los presidentes mexicanos. En este reacomodo hay cosas inéditas: un presidente (electo) es reconvenido públicamente en redes y una periodista (Neldy San Martín, El Financiero), le replica que su comentario es sexista y lo conmina a no evadir preguntas incómodas. En las semanas por venir habrá más ruidos y crujidos en las estructuras vivas. Es probable que aquí sea donde más rechine y se sacuda la transición de terciopelo.