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¡Amárrenlos!

Lo preocupante del conflicto universitario, que en unos cuantos días alcanzó una dimensión inesperada

OPINIÓN

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¡Amarren sus perros, perdón, sus porros en la UNAM; ya estamos en el poder! Podría ordenarles el presidente electo Andrés Manuel López Obrador no sólo a diputados y senadores de Morena, sino también a la jefa de Gobierno de la Ciudad de México. Todos ellos conocidos desde hace años, lustros, décadas por su actividad cuasi gansteril en la máxima casa de estudios.

Te lo juramos, Andrés, te lo juramos que nosotros nada tenemos que ver en ese asunto, podrían responderle cínicamente Martí Batres, “el golpeador”, como lo calificó don “Porfis”; Gerardo Fernández NoroñaClaudia SheinbaumCarlos Ímaz y otros tantos experredistas quienes crearon y dirigieron los grupos de choque para mantener el control en la UNAM; presionar a los rectores para que les pasaran una corta, y sacar raja política. Pregúntenle a Juan Ramón de la Fuente, a José Narro, a Francisco Barnes, cómo se las gastaban esos agitadores sociales profesionales. Bueno, también a Enrique Graue, quien primero se declaró admirador de los Morenos -lo que no cayó nada bien a la comunidad universitaria—y ahora no sabe cómo quitárselos de encima. ¡Claro que sabe, con dinero baila el perro! Exclaman los especialistas en movimientos sociales.

Lo preocupante del conflicto universitario, que en unos cuantos días alcanzó una dimensión inesperada, es que se le escape de las manos a las autoridades de la UNAM en un contexto de supuesto cambio político en el país, acotan los observadores, quienes aportan el siguiente comentario: no hay que olvidar que la UNAM es una de las instituciones más antidemocráticas que existen y donde el gasto es más opaco. Existen nóminas secretas y como son autónomas, no rinden cuentas a nadie de un porcentaje alto de gasto-ingresos. Además, tiene problemas estructurales como son los miles y miles de profesores a los que les pagan una miseria por hora-clase, un sistema de vigilancia coludido con los narcomenudistas, un sindicato corrupto hasta el tuétano y muchos problemas más que están aflorando y pueden terminar en un paro indefinido de labores que empate con el 2 de Octubre y la celebración de la matanza del 68.

Sin embargo, el rector Graue parece no darle tanta importancia al asunto cuando declara: “Lo que ocurrió el lunes fue una agresión perfectamente coordinada y cobarde de la que no estábamos conscientes que pudiera suceder y rebasó todas las capacidades de la Universidad”. Ay, doctor, no sea usted ingenuo; de los porros hay que esperar hasta lo inimaginable y en cualquier momento, le responde la comunidad universitaria y los observadores políticos.

El conflicto está muy cabrón, dicen otros, porque puede crecer en un ambiente donde el gobierno no tiene autoridad moral y el otro aún no entra, oficialmente, en funciones, por lo que no puede hacer nada, más que pedirles a sus agitadores profesionales que amarren sus perros, y sus porros.

Los analistas bisoños preguntan: ¿por qué los golpeadores experredistas y hoy morenistas quieren arruinarle al “líder” la transición de terciopelo?

La respuesta es sencilla: con tal de mantener el control en la UNAM, les vale madre cualquier otra cosa.