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Reformas, logro importante

OPINIÓN

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    Tiene razón el presidente Enrique Peña Nieto cuando en su mensaje a la nación con motivo de su sexto y último Informe de Gobierno, afirma que las reformas estructurales son, sin duda, el logro más importante de esta administración. Sin embargo, no todas las reformas han dado los resultados que el entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray, principal promotor de éstas, ofreció cuando las “empezó a vender” a todos los mexicanos, incluyendo a los diputados y senadores, quienes finalmente nos “empinaron, perdón, las aprobaron. Videgaray prometió que algunas de las 13 reformas estructurales contribuirían al crecimiento económico del país; gracias a ellas terminaríamos 2018 con un PIB de 5 por ciento. La realidad fue que nos tomó el pelo, porque este año y los que siguen el país seguirá creciendo mediocremente, por ahí de 2 por ciento, según el Banxico, igual que en todo el sexenio, pues. El entonces secretario de Hacienda declaró en reiteradas ocasiones que con la Reforma Energética bajarían los precios de las gasolinas. También nos engañó, pues antes de despedirse como secretario de Hacienda dejó listo el llamado “gasolinazo” que anunció en enero de 2017 su sucesor en esa dependencia, José Antonio Meade. En su sexto y último informe de gobierno, el presidente quiso recordarle, “one more time”, al pueblo de México por qué tomó la decisión del “gasolinazo”, el cual todavía está causando estragos en aquellos que consumen este vital combustible, pobres y ricos. A juicio de los especialistas, los argumentos del primer mandatario de que si no se hubiera optado por el “gasolinazo” el país seguiría pagando cientos de miles de millones de pesos por subsidio, situación que las finanzas públicas no podían sostener a menos y que se cancelaran varios programas sociales, y que el subsidio beneficiaba más a los ricos porque consumen 80 por ciento de la gasolina, son contundentes. Pero la explicación de que la decisión de incrementar los precios de los combustibles en un año electoral, asumiendo los costos políticos, merece por parte de los observadores, algunas preguntas: ¿Por qué necesariamente tuvo que escoger un año electoral, si lo pudo haber hecho en 2016? ¿Quién le aconsejó que lo hiciera al arrancar 2017; Luis Videgaray, todavía secretario de Hacienda? ¿Habrá intuido el líder que siete meses después del gasolinazo a su partido le iban a poner una revolcada en las elecciones, lo que finalmente ocurrió con un marcador de 9 a 3 en contra del PRI? Tal vez en 2016 no pudo o no quiso aumentar los precios de las gasolinas, porque todavía su “delfincito”, Videgaray, tenía posibilidades de ser candidato presidencial del tricolor, responden los mismos observadores, pero después de que, por apresurado, invitó a Donald Trump a México, las perdió y se vio en la penosa necesidad de renunciar, aunque posteriormente fue recompensado con la secretaría de Relaciones Exteriores. Entonces agarraron a su tarugo, perdón, a su puerquito, quien anunció el “gasolinazo”. ¡Perversos, pues!