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Despedir al presidente

OPINIÓN

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    ¿Cuán seguro de su popularidad debe estar un presidente para someterse a una consulta popular, una votación, que implique sacarlo del gobierno? Y… ¿qué sería capaz de hacer un funcionario con tal de ganarse la simpatía que le garantice la permanencia? Con la llegada de los integrantes de la nueva legislatura a las cámaras, el 1 de septiembre, Andrés Manuel López Obrador tiene las herramientas políticas para hacer prácticamente cualquier cosa. En muchos casos, sus promesas de campaña tienen que convertirse en ley para ser efectivas. No debería tener problemas, porque no sólo cuenta con los diputados federales y los senadores, también tiene la mayoría de los congresos locales, para el caso en que sea necesaria una reforma constitucional: por ejemplo hacer realidad legal la revocación de mandato. El tema es muy efectivo a la hora de captar la atención mediáticamente. En un país donde la población está desencantada de su clase política, ¿quién no quiere que su voluntad cuente incluso más que la ley? Los lugares de Latinoamérica en los que existe la revocación de mandato (Perú, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Colombia y Panamá), no requiere de más que eso, la voluntad. La revocación de mandato no es un juicio político, en el que debe ser probado un delito bajo el debido proceso. No, sólo se trata de preguntar: ¿usted quiere que el presidente siga gobernando, sí o no? Y si 10% de los inscritos en el padrón electoral hacen la petición formalmente, comienza un proceso de consulta. Pero… ¿no son las votaciones una marea que se mueve con la fuerza de la emoción? Y… ¿las emociones son siempre justas, apegadas a derecho, objetivas? Yucatán, San Luis Potosí y Chihuahua tienen antecedentes de haber intentado establecer la revocación de mandato en sus constituciones; en todos los casos fue más tarde revertido por la Suprema Corte. La nueva constitución de la Ciudad de México lo prevé, pero ministros de la corte advirtieron sobre el diseño deficiente de la medida. López Obrador ha prometido hacer realidad la revocación de mandato y tiene la cantidad de legisladores para conseguirlo. La iniciativa contempla adicionar un párrafo al artículo 35 constitucional para revocar o confirmar, mediante votación, el mandato conferido a los servidores públicos de elección popular. Resta saber qué porcentaje del padrón debería votar y cuántos de esos votos serían necesarios. Por el momento sólo se habla de “la mayoría”… pero, un voto hace la mayoría y si 51 % quiere sacar a un presidente y 49 % que siga, podríamos decir que “el pueblo ha decidido”? ¿Es eso suficiente para despedir al presidente? El tema es complejo y requiere de más cabeza que corazón. Así de sencillo.