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De aviones, eficiencias y simbolismos

OPINIÓN

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El presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, y sus asesores deberían, tal vez, pensar en cambiar su opinión en algunos temas. Son cambios que quizá sean nimios, por ejemplo, cuestiones como la transportación presidencial y su seguridad personal son de una importancia mayor. Es posible entender la postura de AMLO respecto al avión presidencial. Es simbólico. Al margen de estar de acuerdo o no, es comprensible que el mandatario vea el avión presidencial como un lujo innecesario. Pero lo es. El miércoles pasado AMLO y sus acompañantes pasaron cuatro horas en un aeropuerto, a la espera de abordar un avión comercial. De momento no importa. Es Presidente electo, sin responsabilidad formal y dueño aún de su tiempo y su agenda. Disfruta del brillo de un triunfo electoral inobjetable, es líder de un amplio movimiento político y tiene todo el derecho a disfrutar de las simpatías y la admiración públicas que por tradición investimos en nuestros líderes, especialmente al inicio de régimen. Se vale. Pero en pocas semanas será presidente en funciones. Su tiempo, su vida, su salud serán propiedad de la nación, y éste es un país que en cualquier otra vecindad sería considerado como potencia regional. Y no se trata de su comodidad, sino de eficiencia y rendimiento. ¿El Presidente no quiere usar el avión presidencial actual o tal como está? Va, pues. Que se venda o que se rente; que se examinen las formas legales de hacerlo, porque no es propiedad personal, sino del Estado mexicano. Lo que sí, cabe señalar que la idea de un avión presidencial no nació en México ni es fruto del delirio de lujos de un mandatario determinado. De hecho, el primer grupo especial para transporte aéreo del jefe de Estado nació en Gran Bretaña, antes de la II Guerra Mundial, cuando otros mandatarios usaban trenes (en México era conocido como "El Olivo" por su color). Pero eran otros tiempos y no habían ni las presiones ni las necesidades de transportación actuales. Una visita de Estado a otro país era algo raro y las "cumbres" internacionales algo excepcional. Hoy parece haber una mayoría de países con transportes especiales para sus jefes de Estado y de Gobierno, o arreglos para el uso de aparatos dedicados. En muchos casos es una cuestión de seguridad tanto como de conveniencia, de ahí los aviones usados por el presidente de Estados Unidos, por los jefes de Estado o de gobierno indistintamente, de Alemania, Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, China, Colombia, Ecuador, España. Francia, Gran Bretaña, Japón y Rusia, entre otros. Por cualesquier razón –aparentemente seguridad–, se afirma que el fallecido presidente venezolano Hugo Chávez confiaba  en el uso de un avión de la empresa Cubana de Aviación. El transporte presidencial está ahí para que el presidente y sus colaboradores trabajen cómodamente mientras viajan, No para sus familias ni para su solaz esparcimiento. JOSE.CARRENO@HERALDODEMEXICO.COM.MX @CARRENOJOSE1