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Héctor Escalante: Solidaridad, un gran circo

OPINIÓN

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En 1991 nuestro país venía de la firma de un tratado de libre comercio con EU y Canadá, mismo tratado que acaba de agonizar hace unos meses. El entonces Distrito Federal había pasado por una elección local, de esas en las que solamente ganaba el PRI, como siempre parecía todo un gran circo, como el de Maldita Vecindad. Pero a diferencia del circo gubernamental, el de los malditos vino a demostrar que la fuerza de las letras de un disco puede ser una crítica social y una manera mostrar la realidad de nuestra gente. El Circo es un material esencial en la historia del rock nacional, 36 minutos distribuidos en 11 canciones que lo mismo nos lleva a las calles de la ciudad, a subrayar la pobreza, las diferencias sociales, los trabajos que nadie quiere, a la reflexión en la manera de vestir, a celebrar y enfiestarnos, a una noche en la playa o hasta el homenaje a Juan Gabriel. La pobreza y la desigualdad que nuestro país vivía en aquellos tiempos encaminó al gobierno de Carlos Salinas a crear un programa social, uno que desde el pensamiento del gobierno intentaría unificar a los mexicanos, ellos lo llamaron Solidaridad. Ahí no acabó la cosa, no sólo fue un programa, sino también una canción interpretada por diversos artistas de Televisa, hoy algunos de ellos vestidos de otro color a los de aquel gobierno. Lo mismo estaba el mismísimo diputado por Morena Sergio Mayer que Vicente Fernández, Verónica Castro o Timbiriche. Los artistas al uso del gobierno, Televisa como instrumento gubernamental. Lejos de esa frivolidad, El Circo de Maldita Vecindad nos mostró en sus canciones la otra realidad, la de verdad. La rola que le da título al álbum nos lleva por las calles de la ciudad, imaginamos a aquel niño que en una esquina trabaja y finge sonreír, nos relata la alegría que se puede ver a pesar de la pobreza y lo difícil que es caminar en este extraño lugar en dónde el hambre se nota como un gran circo en acción. También la Maldita nos invita a recordar las diferencias sociales en “Un poco de sangre”, al narrar esa historia del junior con su auto nuevo, hoy un mirrey, que pasa por encima de José, quien puede ser cualquiera en la calle, quien es un limpia-parabrisas, igual a los que vemos hoy, y que como ahora corren con una suerte similar, el del abandono y la desolación, el de la muerte. La música, el rock de La Maldita, en ese momento nos mostró la visión de la gente, los músicos como voceros del pueblo, a pesar de lo politizado del término, es real. Ellos narrando en sus letras el México real, el que seguramente no le gustaba al presidente, el que sólo se escucha en las calles, de boca en boca, en los conciertos casi clandestinos, en los espacios que se peleaban. Por otro lado, un gobierno enfocado en vendernos la modernidad de un país con un TLC que nos haría casi del primer mundo, un programa social que lleva el título de un término que no se debería frivolizar, “Solidaridad”, cantado por artistas al servicio del poder, con estrofas tan ridículas como: “Nuestro enemigo -la pobreza-, hay que acabarla con destreza, la Solidaridad es nuestra, con desarrollo se demuestra. Gobierno y pueblo hacen la fuerza”. Ese era el gobierno que intentó convencernos con una canción que dejábamos atrás la desigualdad. Hoy la historia le da la razón a la Maldita y preferimos su gran Circo y no el que nos intentó vender el gobierno de Salinas en una canción.