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Salvador Cerón: Instituciones garantes del bien común

El bien común promueve a la persona humana y la convivencia que construye una sociedad más justa

OPINIÓN

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Es necesario reforzar las instituciones, si queremos proteger nuestra sociedad y la forma como ésta construye sus acuerdos y evoluciona hacia estadios más altos de desarrollo. Las instituciones son el elemento central de la vida política -nacen de y entre las personas, que conscientes de su responsabilidad social, se organizan lograr el respeto a los valores que protegen la dignidad y la convivencia social, pacífica y constructiva-. En política, las instituciones cuentan y son el elemento explicativo de las decisiones y normativas que enmarcan el comportamiento de toda sociedad. Paradójicamente son las instituciones, formadas por personas, las que al mismo tiempo las limitan. Las limitaciones, sin embargo, tienen por objeto proteger y salvaguardar los verdaderos valores que les dieron origen, asignando como consecuencia a las personas roles, responsabilidades, normativas, métodos, deberes y derechos, que sólo podrían ser cambiados por algo mejor, más efectivo o más perfecto, pero siempre contribuyente y alineado al bien común y no respecto de interpretaciones individuales del bien de todos. El bien común promueve a la persona humana y la convivencia social que construye una sociedad más justa y próspera. Por ello, no es el individuo, sino las instituciones integradas por personas, las que deben promover su evolución y transformación con una clara orientación humanista y de servicio con apego a la normativa establecida para preservar la unidad. Es así que se provoca un grave daño a la sociedad y a las personas cuando se destruyen o atacan valores e instituciones como el Estado, el gobierno, la justicia legal, la verdad o la confianza entre otros, provocando daños muy difíciles de reparar, especialmente cuando sin evidencia o desconocimiento, se hace uso de la posición o del momento, para manipular y fortalecer posiciones de poder que, por sus métodos y motivaciones, no podrían promover el bien común. Al final, lo que no es ético, necesariamente destruye. Así lo que no contribuye a que crezca la confianza y el respeto entre los mexicanos, destruye, retrasa o inhibe cualquier esfuerzo de unidad nacional y la construcción de una economía más fuerte y una sociedad solidaria y responsable. Por lo anterior, el gobierno entrante deberá emprender una labor de reconciliación efectiva y realmente en la promoción del bien común y contribuir a revalorar las instituciones cuidando su reconocimiento jurídico y la aceptación ciudadana por la eficacia de sus prácticas y ejecuciones. No puede haber sociedades prósperas y justas, si no se promueven los valores de respeto y confianza hacia sus instituciones. Las instituciones surgidas del respeto y la solidaridad con las personas y sus diversas formas de organización constituyen un activo irremplazable en la construcción de una sociedad justa y una economía fuerte.   SALVADOR CERÓN COLABORADOR