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Ana Lilia Herrera: Convencer para vencer

En el PRI, la autocrítica y el análisis deben guiar el proceso de reflexión, pero sobre todo el de acción

OPINIÓN

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Decir que el resultado electoral de julio fue un tsunami, es una expresión –y no una explicación- que me niego a aceptar: sería ignorar los errores cometidos en los partidos políticos en general y en el mío en particular. Es inadmisible, porque impide cambiar y mejorar, entender que nos falta una verdadera reforma social. Frente a la mayor derrota de nuestra historia, en el Partido Revolucionario Institucional, la autocrítica y el análisis deben guiar el proceso de reflexión, pero sobre todo el de acción. Más importante que entender por qué ganaron nuestros adversarios, necesitamos reconocer avances, sí, pero erradicar autocomplacencias y todo aquello que permitió desde el interior de nuestras filas, semejante descalabro. En su primer discurso como dirigente nacional del PRI en 1972, Jesús Reyes Heroles advertía que las instituciones, lejos de ser valladar para los cambios, deben promoverlos. Y el tricolor continúa siendo un partido con identidad, unidad y disciplina, que hoy tiene la oportunidad de escuchar e incluir a las voces más críticas y constructivas, pero también de cerrar el paso al oportunismo y al amiguismo. Si en aras de tener un mejor país, de lograr generaciones mejor preparadas, exigimos desde la política al magisterio que el mérito valga y que el esfuerzo se reconozca, ¿por qué no hemos de hacer lo mismo los militantes de todos los partidos políticos? Le haríamos un enorme bien a la patria. Reconozco que hoy mi partido está abierto a escuchar e incluir. Sin embargo, necesitamos certezas y sumar voluntades; avanzar en la diversidad que nos caracteriza y nos da fuerza, sólo se logra de abajo hacia arriba: conociendo, reconociendo y promoviendo a las y los mejores desde el seccional, la colonia, el municipio y las entidades federativas. Una derrota electoral generalmente es el desenlace de muchos otros quebrantos. Algunos surgidos en campaña, pero los más son añejos y resultado de procesos locales, de daños y errores que antes de llegar al partido, llegaron a las personas, a la militancia que sí escarmienta en cabeza ajena, pues atestiguan y se decepcionan por decisiones cupulares que responden a intereses ajenos a su vida diaria y a su comunidad. Escribo estas líneas convencida de la preparación y el talento que existe en mi partido, de su capacidad de inclusión y ojalá de depuración, pero me temo que estamos frente a la última oportunidad, pues el hartazgo social, aunque generalizado, tiene un mensaje especial para el priismo. Sigue vigente el llamado de Jesús Reyes Heroles 46 años después: “Tenemos que elevar la contienda interna, ocuparnos de las ideas, alzar la mira: que todos los militantes que aspiren a las candidaturas luchen ante la base, convenzan a sus compañeros de partido, obtengan adhesiones por su conducta y su modo de pensar y se olviden de las antesalas y de los corredores en las oficinas de funcionarios o dirigentes. Soluciones en la base y con ella, no arreglos desde la cúpula”. ANA LILIA HERRERA DIPUTADA FEDERAL DEL ESTADO DE MÉXICO @ANALILIAHERRERA