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Qué calor

OPINIÓN

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Mi tío Alfonso, hermano de mi papá, era un yucateco muy pulcro y trabajador que sufría de un peculiar handicap tomando en cuenta sus orígenes: no soportaba el calor. Pronto se mudó del calor de Mérida, después huyó del bochorno de Monterrey, y terminó refugiándose en la Ciudad de México, en un departamento de la colonia Roma. A veces tomaba dos baños por día y era fácil adivinar cuando acababa de salir de la regadera: con el cabello relamido, trataba de apagar el fuego de su cuerpo haciéndose rodear de unos altos ventiladores. Su peor trauma era haberse bañado y sudar a mares mientras se vestía. Yo debí heredar parte de la maldición del calor que atacaba al tío Alfonso. Nunca he soportado dormir con los pies calientes, la parte del cuerpo que más hierve en las noches de verano. Jamás he padecido insomnio, pero una noche de calor puede dejarme sin pegar el ojo. Con los años, el calor que sufrimos sin duda ha empeorado. ¿Cuánto han aumentado los días calurosos desde que nacimos? La respuesta está en un análisis hecho para The New York Times por The Climate Impact Lab, un grupo de científicos ambientales, economistas y analistas del Rhodium Group, la Universidad de Chicago, la Universidad de Rutgers y la Universidad de Berkeley. Cuando mi tío Alfonso tenía unos 32 años en 1960 –año del que parte el análisis– en Mérida podían esperarse 198 días con una temperatura de 32 grados. Hoy pueden esperarse 222 días de 32 o más grados. Cuando yo nací en la Ciudad de México en noviembre de 1968, no se reportaban días con más de 32 grados. Para el final del siglo podría haber entre 13 y 42 días con esa temperatura o más. Otras regiones tropicales del planeta, como Jakarta, Indonesia, que tenían cinco meses de calor por arriba de los 32 grados, al final del siglo podrían registrar temperaturas mayores prácticamente todo el año. Algunos de los más importantes aumentos de temperatura han ocurrido en climas moderados. En Madrid, que promediaba 33 días de calor mayor a 32 grados en 1960, podrían duplicarse y hasta triplicarse los días en los que el termómetro superará ese techo. Y no hay que olvidar la humedad, esa que se mete por todos lados. Según el estudio, un aumento en los días con temperatura superior a los 32 grados hará sufrir más a los habitantes de las regiones húmedas, que a aquellas con sequía. El doctor Kelly McCusker, del Rhodium Group, dice que un factor muy importante respecto a cómo los seres humanos experimentan el calor, es la humedad. “Si también hay humedad, no podemos evaporar el sudor fácilmente y no podemos enfriar nuestros cuerpos efectivamente”. Hace 50 años, el tío Alfonso encontró un remedio para apagarse el incendio del cuerpo, rodeado de abanicos. Quizá en los años siguientes deberíamos, como en El Bronx, abrir las tomas de agua de los bomberos y calmarnos el calor a manguerazos.