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Dolorosa amnistía

No es gratuito que AMLO haya elegido Juárez para iniciar los foros Escucha por la Pacificación y Reconciliación Nacional

OPINIÓN

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Ciudad Juárez es entrañable para mí por varias razones personales. Allí tengo muchos y muy buenos amigos; mis hijos nacieron y crecieron ahí, y profesionalmente fue importante. Conozco sus barrios, calles y avenidas; sus problemas añejos, la diversidad de su gente, su forma de pensar y la biculturalidad de la frontera. Me tocó ver el surgimiento del fenómeno -no resuelto- horripilantemente llamado las muertas de Juárez, cuando gobernaba el panista Francisco Barrio Terrazas. Esa serie de crímenes puso por primera vez bajo la lupa la existencia de los feminicidios que llamó poderosamente la atención en todo el país, y que después comprobamos que no ocurrían sólo en Ciudad Juárez. Por si fuera poco, el narcotráfico se asentó en Ciudad Juárez, igual que en otras poblaciones fronterizas, para aprovechar su ubicación geográfica que afecta muchos aspectos de la vida juarense. Las variantes en el mercado de las drogas, la disputa por las rutas y territorios entre los cárteles, los golpes de las autoridades para contrarrestar el trasiego, la corrupción en ambos lados de la frontera, entre varios otros factores, determinan la espiral violenta del narco y que padece el resto de la gente. Los muertos se cuentan por miles cada año. Por eso no es gratuito que Andrés Manuel López Obrador haya elegido Ciudad Juárez para iniciar los foros Escucha por la Pacificación y Reconciliación Nacional. Sin embargo, el primero de estos ejercicios de catarsis, como era de esperarse, no fue fácil. Las víctimas por los feminicidios, secuestros, desapariciones forzadas y ejecuciones cargan muchos años de dolor y frustración. No será fácil que acepten un perdón sin olvido para aquellos que les arrancaron las vidas de sus hijas, hijos, esposos, hermanos o padres. El evento estuvo a punto de salirse de control cuando familiares de víctimas subieron al presídium a hablar directamente con el próximo Presidente de la República para pedirle algo muy simple que ninguna autoridad federal o estatal les ha dado hasta ahora: justicia. Andrés Manuel tendrá que hacer uso de buena parte de su credibilidad y capital político para lograr que las familias de las víctimas perdonen, aunque no olviden. En su discurso pareció por momentos que seguíamos escuchando al candidato exaltado pidiendo ser tolerantes y no descalificar a nadie. “Perdón sí, olvido no”, prometió. El problema es si los mexicanos víctimas de la violencia están dispuestos a hacer un doble sacrificio: el de la resignación y el perdón. BON APPÉTIT: 6 de agosto de 2014, Sonora, México. La gente de 38 localidades vive con miedo al cáncer por el derrame de 40 millones de litros de sustancias tóxicas en los ríos Bacanuchi y Sonora. Hoy padecen problemas renales, cardiovasculares, oculares, digestivos y de la piel. Nadie los ha ayudado. La responsable es la mina Buenavista del Cobre, filial de Grupo México. Hoy, su dueño, Germán Larrea, estrena un departamento de 6.4 millones de dólares en Florida, un pelo de gato para él y nadie ha hecho nada.