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¿Fuerzas Armadas a la deriva?

OPINIÓN

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Urge que el próximo Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas emita un posicionamiento claro y contundente sobre el futuro de las fuerzas militares en varias dimensiones, principalmente sobre aquellas que afectan directamente a su personal. La más importante, por mucho, es una definición sobre la compensación del personal ante la administración 2018-2024. La noción que circula entre las Fuerzas Armadas actualmente, es que la compensación neta se reducirá significativamente, hasta 50% en algunos casos, y esto afectará al grueso de los oficiales y jefes. Estos últimos son el personal que forma el cuerpo profesional de las Fuerzas Armadas y sin los cuales un ejército sería poco más que una milicia. De acuerdo a la tabla de haberes de personal militar más actualizado (abril, 2018), la compensación neta de un General de División o Almirante (oficiales de tres estrellas por lo general con más de 40 años de servicio) es de 129 mil 500 pesos, el de un General de Brigada o Vicealmirante (dos estrellas) es de 116 mil y el de un General Brigadier o Contralmirante (una estrella) de 90 mil. Bajando la cadena de mando, la compensación de un Coronel o Capitán de Navío es de 70 mil 600 y la de un Mayor o Capitán de Corbeta es de 37 mil 600. Al hablar de un techo de salario de 108 mil la propuesta del virtual Presidente electo, se refiere teóricamente a la reducción de percepciones para los dos niveles superiores (dos y tres estrellas) y potencialmente -si es que se refiere a percepciones brutas- para el tercero (una estrella). Sin embargo, la falta de claridad sobre exactamente cuáles sueldos serán impactados genera preocupación. No se debe mantener a más de 250 mil familias en vilo sobre su futuro financiero. En los últimos 10 años, el aumento salarial ha sido gradual al parejo que la burocracia federal, sin embargo, el principal estímulo que los miembros de las Fuerzas Armadas han recibido para que continúen en sus misiones cada vez más peligrosas, se ha materializado con becas para la educación media y superior de sus hijos y créditos para vivienda, lo que por lo general constituye un elevador social importante para este sector de la población. El programa de becas para hijos de militares en activo, caídos o en retiro, ha permitido a una generación de hijos de militares -por primera vez en su existencia institucional-acceso a las mejores preparatorias y universidades del país, siempre que los becarios cumplan con los requisitos académicos. El presupuesto combinado de Sedena y Semar asignado para dicho programa en 2018, fue alrededor de 915 millones de pesos, lo que constituye 0.75% (ni uno por ciento) del presupuesto de ambas secretarías. En cuanto al acceso a créditos principalmente para adquisición de viviendas, Banjército ofrece créditos hipotecarios con tasa de interés de 8% y 9% a 20 años, lo que es comercialmente competitivo. Desconozco si se han publicado estudios sociológicos del impacto de éstos estímulos para la familia militar mexicana, pero estoy convencido del cambio tan positivo que he presenciado en la última década para un sector de la población, generalmente marginado. Su permanencia será componente clave para mantener un estado de fuerza motivado y comprometido. El futuro de estas prestaciones debe ser abordado a la brevedad. El sistema de ascensos en las Fuerzas Armadas es, desde principios de los años 80 meritocrático y transparente, dando pauta al desarrollo de una Fuerza Armada profesional, y en toda medida posible apolítica. La permanencia y el fortalecimiento de la misma deberá ser prioritaria para continuar con Fuerzas Armadas profesionales. Ante el aspecto material, en los últimos 10 años las Fuerzas Armadas han recibido una ligera modernización del equipo que emplean. Será óptimo, que continúen recibiendo equipo de primera mano, es decir nuevo, y alineada con los requisitos que el país demanda de ellos, para no poner en riesgo adicional su seguridad al momento de realizar operaciones. Finalmente, urge claridad sobre el futuro de la Guardia Nacional. La idea de reducir a las Fuerzas Armadas al reasignar un importante número de militares a labores policíacas bajo mandos civiles suena muy similar al desenlace de reasignar a la 3ªBrigada de Policía Militar y la Infantería de Marina -en el sexenio de Vicente Fox dentro- a la Policía Federal Preventiva. Ese modelo se intentó y no funcionó puesto que hay una brecha doctrinal enorme entre policías y militares, aunque en México, -para los planeadores civiles y burócratas- , esta sea imperceptible. *Consultor de la compañía Jane's ,Washington, DC.