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Burbujas de amor

La de Andrés Manuel López Obrador será, más que una Presidencia itinerante, una presencia rutilante

OPINIÓN

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¿Quién es el que anda ahí? La pregunta trae a la cabeza al inolvidable Cri-Crí, pero en realidad alude a quien este miércoles se convertirá en presidente electo, brincando de aquí para allá, metido en una cascada de burbujas de amor y paz, tras su triunfo apabullante. Es Andrés Manuel López Obrador, que, como el Señor Tlacuache, va cargando un tambache por la gran nación, regalando abrazos y resbalando los balazos que un día lo convirtieron en la lengua más rápida (y viperina) del sureste. López Obrador aparece sonriente y pacífico por todos lados, y en todos los medios una fotografía o la imagen en video (sonriente desde luego), nos da cuenta de la que será, más que una Presidencia itinerante, una presencia rutilante que los mexicanos desayunaremos, comeremos y cenaremos los próximos seis años. A López Obrador se le mira no altivo, pero sí dueño de la situación y lleno de gozo, haciendo grilla, repartiendo abrazos y perdonando cuanta vida sea necesaria para alimentar las esperanzas de su plan de reconciliación nacional. La semana pasada la suerte fue de Manuel Bartlett. Ayer la bendición del Peje alcanzó a Carlos Slim, el hombre más rico del país y miembro VIP de la mafia en el poder a la que Andrés Manuel López Obrador acusó los últimos años de secuestrar al país. “Un gran reconocimiento a un ingeniero que con su esfuerzo, con su imaginación y su talento es un ejemplo en México y en el mundo, por ser uno de los empresarios más exitosos: Carlos Slim que nos acompaña”, dijo López Obrador al elogiar al magnate en un encuentro con ingenieros, en el Palacio de Minería. López Obrador disfruta el nombre del juego que por fin lleva su nombre. Ya no sólo marca la agenda de los medios (como lo hizo en más de seis meses de batallas), sino que ahora parece concentrado en convertir en oro todo lo que en campaña sus discursos estigmatizaron o convirtieron en mofa o crítica pura y dura, en el propósito de sumar y no restar a su gobierno. Y claro, todo eso ha hecho que su calificación y las expectativas sociales sobre su mandato, suban como la espuma del mar. López Obrador se armó y vive su propia luna de miel. ¿Se la merece? Más que ningún otro candidato a la presidencia, probablemente. Pero ojo: más que de perdón y de reivindicación, de lo que hablan las más recientes jugadas de Andrés Manuel es del presidente que veremos en acción los próximos seis años (y medio). Un presidente ubicuo. Un presidente rutilante. Un presidente avasallador. Una presencia omnipresente, una fuerza casi omnipotente. Andrés Manuel por aquí, López Obrador por allá. Sin oposición articulada, y ahora (sólo en apariencia) con una batería reducida de sonrientes enemigos. ¿Cuándo se desinflarán la burbujas de amor? No por lo pronto. Ojalá nunca. Pero lo dudo, canta el gran José José.