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Rodolfo Lara Ponte: Día Internacional de los Pueblos Indígenas

Debe ser una fecha que motive el recuento de lo que se ha hecho a favor, y, sobre todo, de lo que falta por hacer

OPINIÓN

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El 9 de agosto se celebrará una vez más, a instancias de la ONU, el Día Internacional de los Pueblos Indígenas. Para una nación como la nuestra, este día debe resultar especialmente significativo, toda vez que precisamente un crisol multicultural caracteriza a nuestra sociedad, pletórica de lenguas y tradiciones ancestrales, así como de cosmogonías diversas construidas a través de siglos de vida colectiva. Nuestros pueblos indígenas que hoy comprenden a una población de más de 12 millones de mexicanos, cimentan nuestra identidad, expresada simbólicamente en el propio escudo nacional, inspirado en la antigua cultura mexica-náhuatl y que funge como alegoría del mito fundacional del país. Pero nuestros pueblos indígenas son sobre todo presente. A partir de su claro sentido de la vida comunitaria, de sus marcados rasgos de solidaridad y de su natural interrelación con el medio ambiente, pueden representar una guía y parámetro para la atención de situaciones apremiantes, como la superación de la desigualdad, el respeto a la diferencia o el impulso de la sustentabilidad en tanto elementos insoslayables del desarrollo. Desde el plano internacional, la ONU promueve desde hace más de una década, el Día Internacional de los Pueblos indígenas y nos recuerda, que más de 370 millones de personas, es decir, 5% de la población mundial, se reconoce en esa categoría: más de 5 mil pueblos y lenguas distintas en alrededor de 90 países. También llamando la atención sobre una realidad social donde los indígenas son uno de los sectores demográficos más pobres y vulnerables en el planeta. Los propios pueblos indígenas han pugnado por años para que se respeten sus identidades, sus formas de vida y sus derechos sobre territorios tradicionales y recursos naturales. Por ello, la iniciativa de la comunidad internacional de hacer cada 9 de agosto un recordatorio a favor de sus derechos, debe ser un catalizador para que en las naciones donde la población indígena se encuentre en desventaja respecto a otros grupos sociales, se impulse la conciencia y la voluntad para profundizar el alcance de las acciones a favor de sus derechos, considerando problemáticas e indicadores socioeconómicos persistentes. En este asunto tan relevante, los parámetros permanentes que deben enmarcar las acciones de los estados los proporciona la propia ONU, cuya Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas señala que éstos son iguales en derechos a otros, al tiempo de contar con su prerrogativa a preservar su identidad cultural; que su diversidad enriquece el patrimonio de la humanidad; que en el ejercicio de sus derechos no deben ser discriminados y que dentro del catálogo de los mismos destacan los relativos a definir sus formas de organización social, el acceso a un desarrollo de acuerdo a sus aspiraciones y necesidades, así como realizar sus creaciones culturales. El principio de ello es el compromiso de cada estado de reconocer los derechos e impulsarlos con un enfoque de igualdad en relación al resto de la población. En nuestro país, el 9 de agosto debe ser una fecha que motive el recuento de lo que se ha hecho a favor de los pueblos indígenas, pero sobre todo, de lo mucho que falta por hacer para que vivan la igualdad de derechos y oportunidades que nuestra Constitución señala.   RODOLFO LARA PONTE AUTOR EN TEMAS DE DERECHOS HUMANOS