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El diablo está en los detalles...

El anuncio parecería un paso adelante y aun positivo para la renovación o reforma de un convenio

OPINIÓN

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Fiel a su estilo triunfalista, el presidente Donald Trump anunció un acuerdo preliminar con México que podría llevar no sólo a una revisión, sino a lo que denominó como un acuerdo Estados Unidos-México de Libre Comercio que dejaría atrás el nombre de Tratado Norteamericano de Libre Comercio (TLCAN) y tal vez a Canadá. Al margen de sus contenidos reales, que de entrada crearon algunas desazones, pero también reacciones positivas en los mercados, el muy publicitado "acuerdo de principio" es en cierta forma un triunfo político para Trump, que desde su campaña electoral habla de terminar con el TLCAN, que consideró como "el peor acuerdo comercial jamas firmado" y desventajoso para los Estados Unidos. En tiempos de guerra comercial, el anunciado entendimiento le permite afirmar un avance y presentarlo así a los estadounidenses literalmente a semanas de una elección donde lucha por mantener el control republicano del Congreso y la vigencia de su gobierno. Pero hasta donde se sabe, es más una victoria vocal que real: el TLCAN como tal sigue vigente y lo anunciado el lunes es un acuerdo de principio para negociar un nuevo tratado de comercio sobre la base del TLCAN. Ahora bien, si el acuerdo tripartita se transforma en dos o aún tres acuerdos bilaterales como desde un principio fue la preferencia de Trump, es otro negocio. Por lo que se sabe hasta ahora, el nuevo acuerdo modificaría al alza las porciones automotrices, sobre todo en lo que se refiere a reglas de origen y salarios, pospone la negociación sobre energía (supuestamente para preservar la flexibilidad del gobierno entrante en México el primero de diciembre) y establece un periodo de negociación de hasta 16 años para cambiar o eliminar el acuerdo. El anuncio parecería un paso adelante y aun positivo para la renovación o reforma mayor de un convenio que lleva 24 años en funcionamiento, y que aún esta vigente, aunque por lo pronto parece sólo un cambio de nombre. Pero como dice el refrán, "el diablo está en los detalles" y de entrada, una de las mayores interrogantes es lo que haya llevado al gobierno de Enrique Peña Nieto a abrir la puerta a una necesitada victoria política doméstica al gobierno del presidente Trump. Igualmente, el anuncio del lunes pone sobre la mesa la participación de Canadá, en términos de "ojalá entre", pero que igual irá adelante sin ellos. Pero muchos mexicanos no estamos cómodos con la idea de simplemente abandonar a Canadá aunque hay que decir que en su momento, los canadienses estuvieron cerca de hacerlo mismo respecto a los mexicanos. Pero al margen de crear algunas certidumbres económicas, o la esperanza de ellas, deja también muchas interrogantes políticas para los tres países. La transición del TLCAN a lo que sea debe enfrentar muchas complicaciones todavía, incluso lo que ladearía si un acuerdo se retrasa mas y deba enfrentar un Congreso que puede o no ser favorable a Trump y sus acuerdos.