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Aretha Franklin, La realeza de la divina música     

OPINIÓN

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Las reacciones no se hicieron esperar y en todos los medios impresos, virtuales y electrónicos su vida y su legado fueron celebrados y recordados. 
Elton John, quien compartió el escenario de su última presentación realizada en beneficio de la fundación que preside el británico contra el Sida escribió: “La pérdida de Aretha Franklin es un golpe para todos los que aman la verdadera música, del corazón, del alma y de la iglesia”.
Aretha nació en Memphis, Tennessee, una ciudad emblemática de la música estadounidense, fue hija de un pastor muy conocido e influyente y quizás por ello siempre estuvo involucrada en el movimiento a favor de los derechos civiles.  
 En la iglesia de su padre comenzó a cantar góspel, la palabra de dios hecha música y tanto el carácter espiritual de esta temprana influencia, así como su proselitismo por las causas sociales se vieron convertidas, a través de su privilegiada voz, en grandes clásicos del soul como “Save a little prayer” o “Respect”. 
Su voz y estilo interpretativo impactó el panorama musical de los años sesenta al integrar el espíritu del canto secular afroamericano a la música contemporánea.  
 Durante aquellos tiempos tuve la oportunidad de aprender y compartir en el escenario de una Iglesia de Texas ese profundo sentimiento musical que define al góspel y puedo decirles con todo conocimiento de causa, que este género musical en verdad es una comunión entre lo humano y lo divino. 
La reina del soul desarrolló su monumental carrera en Detroit, Michigan durante los años de esplendor y declive del jazz.
Para principios de los años setenta Aretha se había ganado ya un lugar destacado en la escena musical estadounidense y era una estrella emblemática de la comunidad afroamericana en los tiempos más turbulentos de la lucha contra la segregación racial.
En 1968 cantó en el funeral de Martin Luther King a quien conoció en su temprana juventud, una experiencia que como Aretha dijo: “fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida”, y años más tarde, en el 2009 celebró con su voz en la mismísima Casa Blanca la toma de posesión del primer presidente afroamericano de los EU. 
Barack y Michelle Obama, quienes en muchas ocasiones declararon su admiración por ella, compartieron en las redes: “América no tiene realeza, pero tenemos la oportunidad de merecer algo más duradero… Cada vez que Aretha cantó, todos fuimos bendecidos por un toque de divinidad”.
Franklin tenía una legendaria fobia a viajar en avión, pero esto no le impidió volar a los más altos niveles, siendo merecedora de 18 premios Grammy y más de una decena de millones de discos que han cubierto el orbe con su legado durante las seis décadas de trayectoria que nos regaló en vida.
No obstante, su vida personal estuvo marcada por episodios difíciles de superar. Su relato biográfico salió a la luz en 2014 y fue recibida con disgusto por la diva, ya que relataba momentos trágicos de su existencia, como el maltrato de su padre y su asesinato, el abandono de su madre, sus divorcios y otras experiencias de vida que como comentó en alguna ocasión su productor Jerry Wexler: “hacían que sus ojos luminosos se cubrieran de  angustia, y  sus depresiones podían llegar a ser tan profundas como el mar oscuro”.
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Sin embargo, pudo superar con virtuosismo divino la fatalidad mundana, pero no pudo sobrevivir al cáncer que la alejó de los escenarios en los últimos años de su existencia, dejó este plano terrenal para alcanzar la eternidad. 
Parafraseando a Paul McCartney, uno de sus más fervientes admiradores termino esta nota diciendo: “Tomemos un minuto para agradecer por la hermosa vida de Aretha Franklin, La reina del soul, quien nos inspiró a tantos por muchos años. Se le extrañará, pero la memoria de una músico genial y un gran ser humano vivirá siempre con nosotros”.
La Reina ha muerto, larga vida a ella.

Descanse en paz, Aretha Franklin.