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AMLO les habla a los suyos

A mes y medio de la elección y cuando aún restan más de tres meses del actual sexenio vivimos un gobierno adelantado

OPINIÓN

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Sorprende que haya quienes se sorprendan con las primeras decisiones de AMLO, las acciones que anuncia y la forma en que lo hace. A mes y medio de la elección y cuando aún restan tres meses y medio del actual sexenio, vivimos un gobierno adelantado, un adelanto de gobierno. Hay, por un lado, un presidente en funciones ausente, que parece haber decidido bajar la cortina del gobierno antes de concluirlo formalmente, y un presidente electo que está, de facto, al mando. El poder no lo ejerce quien ocupa Los Pinos, sino quien arrasó el 1 de julio, y ha eclipsado a una administración zombie. En ese vacío, López Obrador ha dado sobradas muestras de cómo gobernará. También de con quiénes lo hará. Y no hay sorpresas. Su estilo es práctico y pragmático. Guste o no lo que ofreció en campaña, cumple lo que promete. En estrategia, no tendría por qué ser distinto. Esas ideas lo llevaron a ser el más votado en la historia –más de 30 millones de sufragios– y ganar 53% del total de votos. Desde la noche del domingo electoral, lo que ha anunciado es lo que vendió meses atrás: reducción de sueldos de altos funcionarios, adiós al fuero, desaparecer el Estado Mayor Presidencial, cancelar la Reforma Educativa, iniciar el proceso de pacificación –que incluye el análisis de una posible amnistía–, ordenar la revisión de los contratos derivados de la Reforma Energética, la descentralización de dependencias de gobierno, volver delito grave la corrupción, y un largo etcétera. Todo se veía venir. Lo mismo en el tema del Nuevo Aeropuerto Internacional de la CDMX. La consulta por la construcción de la nueva terminal, no es otra cosa que cumplir una propuesta de campaña. Una que hay que sortear frente a la realidad que se impone. AMLO no engañó a nadie. Con todo lo que implica, le está cumpliendo a 30 millones de mexicanos que votaron por él. Eso esperan sus votantes, no que pregunte sobre refinerías o el Tren Maya, porque esas propuestas que no ofreció preguntarlas, sino hacerlas. Se mantiene en los márgenes de lo que, quienes lo llevaron a la Presidencia, esperan. Conservar 53 por ciento que lo llevó a ganar –y si de paso puede subir su popularidad, como reflejó la encuesta de El Universal la semana pasada, que le da por más de 60 por ciento-, le basta y sobra. Ahora, ¿la consulta es con ánimo de preguntar para decidir, o se trata de disfrazar la realidad para validar y “legitimar” decisiones ya tomadas? Eso es otra cosa. El relato al que ahora nos conduce es, en estrategia, impecable. Construye una narrativa para quedar como el estadista que tomó la decisión correcta escuchando a la gente, pero además legitima la manera en que llegará –sino es que ya llegó– a la conclusión. Delinea un discurso para su base electoral, que es la que le importa. Así ejerce el poder: cumpliéndole a quienes lo hicieron ganar. Off the record: La decisión siempre estuvo tomada, pero los expedientes van tomando forma, aun en plena transición. Graco Ramírez está en la mira de su sucesor, Cuauhtémoc Blanco.