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Falla motor de avión a punto de despegar

En lo que va del año ya son 70 accidentes. El de Durango fue el 71

OPINIÓN

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Antes de las 9 de la mañana de ayer, abordé un avión de Volaris en el Aeropuerto de la Ciudad de México con destino a Guadalajara, era el vuelo 738. Parecía que haríamos un despegue normal: el piloto encendió turbinas, las azafatas muy atentas pidieron abrocharnos los cinturones y apagar los dispositivos móviles o ponerlos en modo avión, pero cuando la aeronave entró en la pista, la tripulación modificó el plan: canceló la salida. –Estimados pasajeros, por motivos de seguridad, la capitanía de este vuelo ha determinado someter la aeronave a revisión debido a que uno de los motores sufrió un calentamiento –dijo el capitán, cuyo nombre no recuerdo. –Bendito Dios que se detectó a tiempo –expresó mi vecina de asiento y miró para arriba antes de recordar con humor negro el desplome del avión de Aeroméxico. Después de casi 40 minutos de revisión del motor del ala izquierda, los técnicos concluyeron que se trataba de una falla que ponía en riesgo a los viajeros, por lo que tuvimos que ser evacuados. Mediante Twitter, la aerolínea confirmó después la falla mecánica. La seguridad de la aviación nacional no puede seguirse manejando de manera discrecional desde la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, encargada de las pruebas de seguridad de la flota aeronáutica nacional, porque hay acusaciones directas y con expedientes que señalan irregularidades en el proceso de verificación de las aerolíneas. Gerardo Ruiz Esparza informó que en el caso del avión siniestrado el martes en Durango, se instaló una comisión investigadora y dictaminadora que encabezará la dirección General de Aeronáutica Civil para determinar las causas que provocaron el desplome del avión con 101 personas a bordo, pues es precisamente en esa área y sus respectivas matrices donde está la corrupción. En este espacio no vamos a quitar el dedo del renglón para denunciarlo con documentos, menos ahora con experiencias personales, donde el tráfico aéreo y miles de pasajeros son rehenes de mafias que favorecen a las aerolíneas privadas. Partamos de una fecha específica: desde mayo, cuando un avión mexicano se desplomó en Cuba, así como otros casos que han sido ocultados, las amenazas en la industria son latentes. Los propios tripulantes han exigido acciones para evitar accidentes. A través del Colegio de Pilotos Aviadores de México, AC, expresaron su angustia por los incidentes ocurridos. El martes, unas dos horas antes de que el avión se derrumbara en Durango, el Colegio emitió un documento en el que señaló que en 2017 se registraron 173 incidentes y 66 accidentes, pero en lo que va del año ya son 70 accidentes. El de Durango fue el 71. ¿Qué se requiere? Que la unidad investigadora instalada por Ruiz Esparza sea permanente, no sólo cuando hay desgracias, y cuente con capacidad jurídica independiente a la Dirección General de Aeronáutica Civil para evitar la corrupción y detectar la chatarra que debe dejar de volar.