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TLCAN... ¿Recuerdos del porvenir?

Para los negociadores mexicanos la presión es terminar pronto, como una forma de "blindar" a México

OPINIÓN

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Las necesidades políticas de los latinoamericanos se han transformado con frecuencia en su desventaja en sus tratos con los Estados Unidos, y eso podría darse ahora en los actuales trabajos de renegociación del Acuerdo Norteamericano de Libre Comercio (TLCAN). En los últimos días tanto el presidente Donald Trump como algunos de sus funcionarios se han hecho eco de las excelencias de los acuerdos alcanzados entre México y Estados Unidos. "Estamos haciendo progresos reales en mejores acuerdos comerciales; mientras hablo, trabajamos con Canadá y México en renegociar el TLCAN", afirmó el vicepresidente Mike Pence. Pero cuando Trump y su gente hablan de grandes avances y elogian lo convenido, habría que ponerse en guardia. Es cierto que en un acuerdo comercial hay "tomas y dacas" por los participantes, y que un gran tratado para Estados Unidos no es necesariamente un mal convenio para México ni Canadá. Pero... de creer a algunas versiones, la delegación mexicana tendría prisa por terminar los trabajos antes del 25 de agosto, que sería la fecha límite para que haya al menos un acuerdo preliminar que pueda ser firmado por el presidente Enrique Peña Nieto, ya como el último o uno de los últimos actos de su presidencia. El gobierno Peña Nieto no sería el único deseoso de que termine la renegociación. Para la revista politico.com, el gobierno entrante, de Andrés Manuel López Obrador, "desea desesperadamente" que se firme el TLCAN renovado antes de asumir el cargo el 1 de diciembre. Para los negociadores mexicanos la presión es terminar pronto, como una forma de "blindar" a México de la intranquilidad que sacude los mercados financieros internacionales y preservar de paso la relación con Estados Unidos. Y eso implica concesiones. De acuerdo con la la revista estadounidense político.com, México parece dispuesto a aceptar gran parte de una propuesta estadounidense respecto al incremento del contenido norteamericano en los automóviles fabricados en América del Norte, y que al menos un porcentaje de esas partes debe ser fabricada por trabajadores que ganen al menos 16 dólares por hora. Igualmente, que una cantidad del acero y aluminio deben haberse originado en un país del TLCAN. A cambio, los Estados Unidos cederían, entre otras cosas, a renunciar a una propuesta que facilitaría acusaciones de "dumping" contra exportadores mexicanos de frutas y verduras y a mantener el capítulo referente a las reglas sobre disputas. Para el diario Los Angeles Times, la pronta conclusión del acuerdo le permitiría a Trump reclamar una victoria para su política comercial, de cara a las elecciones legislativas de noviembre. Hace algunos años el prominente latinoamericanista Jorge Domínguez, de la Universidad de Harvard, señaló en una conversación que los estadounidenses tenían ventaja en las negociaciones, porque podían alargarlas más que sus contrapartes hasta que los tiempos los presionaran a hacer concesiones.