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Pedro Ángel Palou: La prioridad cultural en México

OPINIÓN

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  La cultura es el hilo conductor que une el pasado con el futuro, porque es lo único que nos explica en toda su dimensión las contradicciones de nuestro presente. Es desde esa óptica privilegiada que la política cultural –al fin y al cabo una política pública debe dejar de lado la improvisación y la coyuntura para convertirse en el eje estratégico desde el que se planee en materia gubernamental-. No sé qué pasará con la decisión de mudar la Secretaría de Cultura (debiera llamarse de culturas) a Tlaxcala. No me parece acertado, ni siquiera necesario.   No se pueden tomar decisiones sin información, pero no se puede interpretar la información sin un adecuado análisis cultural. De allí la dimensión central de la preocupación cultural en nuestros días. Nos hace falta un gran censo cultural, y un gran estudio de oferta y consumo cultural para estudiar las vocaciones regionales en la materia. López Obrador tuvo el ejemplo de Pellicer, él lo formó. Gracias al poeta tabasqueño él trabajó en el Instituto Nacional Indigenista, vio la labor de los antropólogos. Conoce a fondo el problema del que Guillermo Bonfil llamaba el “México profundo”, por eso sus decisiones deben ser más cuidadosas. El antrópologo José Lameiras me contó que cuando él hacía su pasantía, Torres Bodet lo mandó a Tabasco por las esculturas olmecas que albergaría el Museo Nacional. Carlos Pellicer lo esperaba a las afueras, encima de un torton, con el torso desnudo y una escopeta. Se presentaron y Pellicer le dijo:   -Sé que le habrán dicho que soy un poeta homosexual. Pero también puedo ser muy macho. Cortó el cartucho y disparó al aire. Lameiras no se llevó nada, negociaron y hubo llamadas al presidente y a Torres Bodet. Al final se convino en hacer las reproducciones y en hacer el Parque Museo La Venta. Es un ejemplo de cómo no se pueden hacer las cosas en el escritorio, sino a lo largo y ancho del país, con la gente, desde la propia memoria histórica.  Beatriz Gutiérrez Muller ha dejado atrás el modelo de la “primera dama” y se propone iniciar un ambicioso proyecto de Memoria Nacional. Enhorabuena. Se ha trabajado –el caso uruguayo es un ejemplo destacado- sobre la perspectiva de que la cultura da trabajo, que genera desarrollo. Para documentar este argumento se ha recurrido a los índices de PIB generado por la cultura  e incluso a estudios más sofisticados del sector.   Sin apartarnos de la veracidad y contundencia de este aserto creemos que la cultura es más que un simple vector de la economía (aunque sin duda uno mucho más importante que el que los propios economistas destacan): es lo que le da sentido a cualquier cifra o diagnóstico. Por eso debemos pedirle a Hacienda que transparente el PIB generado por la cultura, incluidas las industrias culturales y el turismo cultural, no de playa.  No podemos mirar lo global –ni como engañifa ni panacea- sino desde lo local. Las identidades, por más evanescentes o reconstruidas que sean le dan cuerpo al ser humano, son su memoria y su sentido. El hombre analiza la historia y la hace al mismo tiempo. Es un buen tiempo para que la cultura no sea más decorativa, elitista, incluso petulante. Es un buen tiempo para que se convierta en uno de los ejes del proyecto de paz y reconciliación. Sólo la cultura logra ese efecto religador y nos puede devolver un contrato social renovado, adecuado al siglo XXI.   Escritor @pedropalou