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Los partidos, tras la elección presidencial

El PAN y el PRI encararán el dilema de la sobrevivencia política y a estructurarse como una oposición con alternativas

OPINIÓN

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A poco más de un mes después de la elección presidencial, los partidos políticos han comenzado finalmente un proceso de debate y decisiones internas que se situará en dos polos. Un polo es el de la sobrevivencia política e involucra al PAN y al PRI, los dos partidos más antiguos del país, los más castigados en la elección, y también los que están obligados a ubicarse como la oposición más importante y estructurada para hacer frente al próximo gobierno federal. En el otro extremo se encuentra Morena y un sendero que de acuerdo a los pasos que ha dado y anunciado Andrés Manuel López Obrador tiene como propósito consolidar a la más joven de las fuerzas políticas como un movimiento preparado para mantener el poder central los siguientes sexenios y fortalecer su presencia en los estados. Cada uno de los partidos enfrenta circunstancias complicadas y desafíos importantes. La supervivencia de los dos principales opositores, PRI y PAN, dependerá en el corto plazo de que estas viejas organizaciones logren posicionarse como unas importantes y genuinas fuerzas de oposición al gobierno obradorista en las cámaras de Diputados y de Senadores. En mi opinión el reto más importante será para el PRI. El partido de Calles y Colosio tendrá que decidir en un periodo de tiempo breve si cambia o mantiene el nombre, y más complejo todavía, cómo encontrar una voz –por llamarla de algún modo– que pueda definir los principios y las luchas del partido, diferenciándose de Morena y López Obrador, y el espacio que naturalmente ha ocupado el nuevo presidente en una parte importante de la militancia priista. Para el PAN el escollo más significativo es frenar el proceso de destrucción del partido y su vida democrática, un grave deterioro que comenzó antes del liderazgo nacional de Ricardo Anaya, y que podría prolongarse si, como es su propósito, el ex candidato a la presidencia de Por México al Frente logra mantener el poder central del partido en manos del grupo que encabeza. Mientras PRI y PAN lucharán por mantenerse con vida y por no perder visibilidad, Morena y López Obrador enfrentan desde ahora las críticas más importantes a un modelo señalado como autoritario e impositivo en la consolidación del partido. A golpe de vista, uno de los motores más importantes para hacer de Morena un trabuco electoral que gane elecciones y amplíe su poderío en el país son los nombramientos de coordinadores estatales anunciados por López Obrador. El debate que apenas comienza sobre la ilegalidad de esta figura, por un lado, y el derecho de AMLO a instituirla, por el otro, involucrará naturalmente la vieja discusión sobre el equilibrio de poderes. Por lo pronto, si como todo indica López Obrador no se mueve de la decisión de nombrarlos, varios de esos coordinadores podrían convertirse, tomando en cuenta el poder local que concentrarán, en la primera camada de gobernadores de Morena como partido en el poder.