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¿Y el PRI?

OPINIÓN

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Touché

En el pasado Touché hablé de las impostergables transformaciones que traerá la victoria de Andrés Manuel López Obrador en el PAN, PRD y al sistema de partidos entero, incluyendo a Morena. Ahora toca el turno al Partido Revolucionario Institucional, quién volvió a perder el poder.

La debacle que vive el partidazo no es para menos. Y es que, en el sexenio de Enrique Peña Nieto, el PRI pasó del cielo al suelo. En 2012, el joven candidato priísta era un rock star que movía multitudes. Era la esperanza que ofreció un nuevo PRI a cambio de recuperar la confianza de los ciudadanos. Era el guapo que firmaba sus compromisos ante notario público. Su matrimonio con una popular actriz de telenovelas proyectó aún más su imagen.

Y la fórmula funcionó. Peña Nieto obtuvo 19 millones 226 mil 784 votos, el 38.21%, un triunfo inobjetable. Una cifra récord de votos para el PRI en años recientes. En 2000, cuando perdió la elección por primera vez, Francisco Labastida logró 12 millones 654 mil 930 votos, ¡35.78%! Seis años después, en 2006, Roberto Madrazo cosechó 8 millones 318 mil 866 votos, el 22.26%. Los números obtenidos por el PRI en 2018 muestran una clara dimensión del desastre. José Antonio Meade -el menos culpable de la  tragedia electoral- recibió 7 millones 472 mil 431 votos, apenas el 16.40%.

¿Qué fue lo que le pasó al PRI? No solamente es la tercera derrota presidencial en los últimos 18 años, sino también es la más humillante. ¿Fue el Presidente Peña Nieto el responsable de la ruina priísta? ¿Fueron los gobiernos corruptos encabezados por priístas? ¿Fue el equipo de campaña de Meade, dirigido por un neófito electoral como Aurelio Nuño? ¿Fue el partido dirigido por otro neófito como Enrique Ochoa Reza? ¿Fueron todos los anteriores? Seguramente.

Lo cierto es que el tamaño de la derrota obliga a una autopsia profunda a los despojos del PRI para saber qué fue lo que pasó. Meade no ganó un solo estado. Es más, ¡no ganó un solo distrito!

El enojo social es enorme, sí. El PRI perdió por sus propios errores, sí. Pero, también, el PRI vive hoy la peor derrota en toda su historia por las traiciones de los propios priistas. La disputa entre los políticos y los tecnócratas al interior del partido solo dejó encono, divisiones, desánimo. El resultado fue que muchos militantes y dirigentes locales no trabajaron en favor de la candidatura del no priísta Meade, en el mejor de los casos, porque en otros, trabajaron francamente en contra.

Los tecnócratas del círculo presidencial incrustados en el equipo de Meade, y quienes desde Los Pinos tomaban las decisiones de campaña, no fueron capaces de contener y encausar el descontento, ni de aglutinar los apoyos. Fueron arrogantes, faltaron a los compromisos con la militancia, así perdieron su apoyo y ganaron su desprecio.

Quedan 7 millones 472 mil 431 votos. ¿Quién será capaz de recogerlos? ¿Tendrá salvación el partido más hegemónico del continente americano?