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Arturo Sánchez Gutiérrez:  Gobernar para todos

OPINIÓN

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  En 1982, Miguel de la Madrid fue electo por 74.3% de la votación. Fue la última elección no cuestionada en la que un presidente de México obtuvo más de 50% de los sufragios. Seis años más tarde, Carlos Salinas obtuvo 50.7% de los votos, la votación más baja que habría obtenido un candidato del PRI a la Presidencia de la República. Desde entonces, ningún presidente mexicano logró votaciones tan altas, hasta el domingo pasado. Incluso en 1994, después de la muerte de Luis Donaldo Colosio, Ernesto Zedillo obtuvo apenas 48.7%. Es evidente la claridad del mandato que recibió Andrés Manuel López Obrador: dejar atrás todo lo que signifique malos usos políticos, corrupción e ineficiencia. Así lo expresó 53%. Se trató de un rechazo al status quo que permitió a Morena alcanzar triunfos significativos en los tres niveles de gobierno. Se votó por un gobierno unificado que, por primera vez desde 1997, contará con votos suficientes para legislar y aterrizar los cambios anunciados. Con todo, también es una realidad que uno de los avances democráticos de México es el reconocimiento institucional de la pluralidad, expresada en diversos partidos y en los gobiernos de los estados. La construcción de políticas públicas y de las reformas de las últimas tres administraciones fueron producto del debate y consenso entre múltiples actores. Incluso, en los cambios que provinieron del Pacto por México, fue necesario matizar posiciones y precisar acuerdos para que las reformas prosperaran. A partir del 1 de diciembre, el presidente López Obrador gobernará con órganos autónomos, como el Banco de México, entre otros, y deberá esperar a que el Congreso ratifique sus propuestas de nombramientos en puestos clave de la política nacional, incluyendo a los nuevos ministros de la Suprema Corte. En el caso de que los diputados y senadores electos mediante la coalición triunfadora mantengan su unidad, y compartan las propuestas y proyectos, el nuevo presidente no tendrá ningún problema en empezar a realizar los cambios. Ésa es la forma como un gobierno puede operar cuando tiene las mayorías alcanzadas el domingo. Eso es suficiente para que el presidente López Obrador cumpla y no les falle a sus seguidores. Con todo, gobernar para todos significa incorporar en el debate y en la construcción de acuerdos, las diversas posturas que siguen existiendo en la pluralidad de nuestra sociedad, y que representa el otro 47% de la votación. Sin duda, deberá imperar el mandato mayoritario que transformó democráticamente el mapa político de México, pero la inclusión de la diversidad en la toma de decisiones, podría enriquecer las propuestas en un ánimo innovador y emprendedor. Eso haría de López Obrador no sólo un gobernante que cumpla, sino un estadista moderno de alta talla.   ARTURO SÁNCHEZ GUTIÉRREZ DECANO ASOCIADO DEL ITESM Y EXCONSEJERO ELECTORAL @ARTUROSANCHEZG