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El diablo está ?en los detalles

Hace dos semanas, Trump se refería a la UE como adversario comercial y defendía su acercamiento a Rusia

OPINIÓN

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Los crecientes costos políticos domésticos de la "guerra comercial" que el presidente Donald Trump declaró a gran parte del mundo parecen haberlo obligado a dar un giro, con efectos que tal vez se sentirán en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). El aparente viraje se evidenció el miércoles, cuando Trump y Jean Claude Juncker, presidente del Consejo de la Unión Europea, anunciaron un acuerdo preliminar que podría llevar a cero tarifas en su intercambio comercial, pero de entrada es una tregua y un acuerdo para resolver diferencias. La decisión no es producto del encanto europeo ni de la presunta impredecibilidad de Trump, y como dice el refrán, "el diablo está en los detalles". Es, de hecho, resultado de la creciente presión de grupos de interés agrícolas y automotrices en Estados Unidos, ante los costos de la "guerra comercial" que según el mandatario sería tan fácil de ganar. La estrategia seguida por la UE, China, Canadá y México, ha sido de imponer tarifas de represalia sobre exportaciones estadounidenses, específicamente originadas en estados importantes para los republicanos y para Trump. La acumulación de existencias de carnes, soya y otros granos, el incremento de precios para determinados productos industriales, y en especial para la industria automotriz, creó una sensación de crisis que según reportes de medios políticos especializados "angustió" aún a grupos devotos a Trump. Un anuncio esta semana de apoyos por 12 mil millones de dólares a los productores de soya incrementó la sensación de problema. En ese marco, el anuncio del miércoles fue bienvenido. Hace apenas dos semanas, Trump se refería a la Unión Europea como un adversario comercial y defendía su acercamiento al presidente ruso Vladimir Putin. El miércoles, su gobierno indicó un alejamiento de su aproximación a Rusia y declaraba su amor por los europeos. El siguiente paso es la renegociación del TLCAN, y si bien faltan detalles importantes, las posibilidades de llegar a una renegociación exitosa parecen haber crecido. Pero persisten cuestiones de orgullo personal, tanto para Trump como para sus negociadores, a comenzar por las repetidas promesas de "componer" el TLCAN, que para muchos estadounidenses simboliza todo lo que ha ido mal económicamente para su país. Está también el orgullo personal de su representante para Comercio Internacional, Robert Lighthizer —o "Darth Vader" según algunos— que ha sido persistente en cuanto a lo que los negociadores llaman "píldoras ponzoñosas", como la cláusula de extinción o más reglas de origen automotriz. La situación se complica y se simplifica al mismo tiempo con el anuncio de México y Canadá de que ven el acuerdo como una negociación tripartita, no dos bilaterales como desearían los Estados Unidos. El acuerdo sigue en el túnel, aunque se vea ya la luz.