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EU: sexo, grabaciones y mentiras

Cohen cuestionó en privado la calificación de su antiguo cliente para ser Presidente de los Estados Unidos

OPINIÓN

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Cuando en los años 90 la Presidencia de Bill Clinton estaba envuelta en escándalos relacionados con su vida sexual, los republicanos apenas parecían capaces de contener su júbilo y promovieron, de hecho, un juicio de impugnación constitucional basado en las mentiras del mandatario. Ahora, 20 años después, el republicano Donald Trump está en una situación similar. Pero la mayoría republicana en el Congreso no quiere acercarse siquiera al tema. Raras veces en la historia de EU se ha puesto tanta atención en la vida personal de un Presidente, en tantos frentes y con tanta frecuencia. Más aún, recordó la revista electrónica AXIOS, "desde la década de 1990, el sexo no había sido parte de una investigación federal que ha provocado llamados a juicio político". El reparto de caracteres incluye ahora a Kristin Davis, la Manhattan Madam, que a principios del 2000 regentaba un grupo de cal girls de alto costo y afirma haber sido notificada de que puede ser interrogada por el equipo que investiga los vínculos de la campaña electoral de Trump con espías rusos. Es amiga de Roger Stone, un operador republicano que fue consejero del actual mandatario. Karen McDougal, la explaymate que afirma haber tenido una aventura con Trump en 2006, poco después del nacimiento de su hijo menor Barron, se aseguró meses de prominencia, tras la revelación de que el FBI tiene una grabación que el entonces abogado del mandatario, Michael Cohen, hizo en secreto en la que discutía con Trump sobre los pagos por su silencio. Trump tuiteó el sábado que la cinta es "tal vez ilegal", lo que según The New York Times, "señaló una guerra abierta contra el Sr. Cohen". Según, a por lo menos una versión, Cohen cuestionó en privado la calificación de su antiguo cliente para ser Presidente de los Estados Unidos. Paralelamente, la estrella porno Stormy Daniels y su abogado Michael Avenatti demandaron a Trump por difamación y a Cohen por complicidad, después de que éste le pagó 130 mil dólares antes de las elecciones de 2016 para callarla sobre un supuesto romance con Trump. La otra cara de la moneda es que al igual que ocurrió con Clinton, los pecadillos sexuales y las mentiras del mandatario no parecen preocupar mucho a sus partidarios, pero no son —ni fueron­— garantía de su honestidad.