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Retratos de valientes

OPINIÓN

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Fotógrafa estadounidense que vivió personalmente la destrucción de las drogas en una sociedad de los años 70, y que tomó prestado su presente para documentar su prisión y la de las personas  que la rodeaban.
Y con esto, no solo dio voz a través de la imagen a los pozos más oscuros de la comunidad LGBT+, la de los adictos de la heroína y enfermos de sida, además, sentó las raíces de una nueva fotografía que se basa en la documentación diaria de la vida y los momentos frágiles e íntimos de personajes extravagantes y excepcionales. 
“Una foto es una forma de tocar a alguien”, con esta poderosa e irrefutable frase es como Goldin prepara el terreno de su arte. Su obra oscila entre la luz y la oscuridad de su vida y la de su comunidad. 
Sus imágenes capturan un mundo que es universalmente humano y, al mismo tiempo, personal. Su fotografía es quizá la primera de fama internacional que abrió la puerta con una inquebrantable franqueza a una sociedad devastada por el sida en los años 80.
Una mujer con ojos morados, posiblemente golpeada, mira firme a la cámara. Un joven con vista perdida, vestido con camiseta y sumergido en una tina sucia, eleva su mano para alcanzar una botella de ron. Un travesti medio desnudo se maquilla el rostro, mientras se mira ególatra y solitariamente en el espejo de un camerino de lo que podría ser un burdel.
Todas estas composiciones nostálgicas tienen algo en común: la valentía. Esa misma necesaria para enfrentar un mundo hostil si eres una persona diferente; esa fuerza nata que emerge de vidas apaleadas. Han pasado 40 años de que Goldin lanzara esas íntimas imágenes al mundo, me gustaría saber si esas comunidades viven otra realidad. 
Desde una perspectiva diferente, pero sin duda, como  una forma de acercarse a este mundo, el Museo de la Ciudad de México  (José María Pino Suárez 30, Centro) nos ofrece hasta el domingo 19 de agosto: El chivo expiatorio: Sida + Violencia + Acción, exposición que documenta las heridas profundas de grupos desprotegidos en función de su raza, clase, género, sexualidad, emocionales y mentales, la cual sigue dictando las agendas políticas, programas de salud pública, acceso a la educación y al tejido económico.