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2 mil días más para ejercer el poder

OPINIÓN

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A Fuego Lento   Tras los resultados del 1 de julio regresará a nuestro país la época del presidente todo poderoso y con un partido hegemónico en el Congreso. El tabasqueño, quiérase o no, podrá ejercer a sus anchas. Sin ningún pretexto ni contrapeso sus iniciativas pasaran como cuchillo sobre mantequilla. Ya dijo a sus diputados y senadores electos que no habrá desayunos ni comidas para darle línea sobre cómo deben votar. Sin embargo, no lo va a necesitar, porque prácticamente todas y todos los candidatos se deben a él. Ganaron gracias a su nombre, a la marca López Obrador. Muchos candidatos nadaron de muertito sabiendo que su abanderado ya había hecho el trabajo por ellos desde hace 18 años. El triunfo fue tan contundente que el tabasqueño logró lo que ningún personaje de la política ha conseguido en México desde hace décadas: un poder total y absoluto. Fue en el año 2000 cuando Vicente Fox cambió el paradigma del régimen presidencial en México. Ganó la Presidencia, pero no el control del Congreso, de los congresos locales ni los estados. Su gestión no fue miel sobre hojuelas, tuvo que aprender a convivir con la pluralidad parlamentaria, como lo hicieron luego Felipe Calderón y Enrique Peña. La cosa ha cambiado o, mejor dicho, regresamos a como estábamos en la “mejor” época del absoluto del PRI, sólo que con un personaje y un partido diferentes. La gente votó por un retroceso, optó por desechar un régimen plural o de coaliciones parlamentarias. Regresamos al modelo que dio origen al priismo donde solo un hombre detentaba el poder hegemónico. ¿Y por qué la gente votó por ese modelo, por dar un paso atrás? Porque AMLO y Morena atendieron las demandas de los pobres y marginados (hasta de la clase política) que fueron abandonados por los yuppies del PRI, por los neopolíticos que creyeron que con modelos matemáticos ganarían la Presidencia. Lo que viene ahora es ver si los 2 mil días del próximo sexenio serán suficientes para que un hombre y un partido puedan resolver los pendientes de un país que ha acumulado más problemas que soluciones en los últimos sexenios.

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En la época de José López Portillo se crearon las Juntas de Progreso y Bienestar cuya misión, según la versión oficial, era administrar los recursos que enviaba el gobierno federal a los municipios de todo el país. Se trataba en realidad de una instancia para evitar que los recursos fueran manipulados por caciques, mafias y empresarios locales. Sin embargo, pronto hubo una rebelión encabezada por gobiernos estatales reclamando que no podía haber intermediarios entre ellos y los municipios. El programa llegó a su fin después de ese episodio, y el tema viene a cuento porque muchos auguran un futuro poco prometedor a los “super” delegados estatales que recientemente nombró AMLO.

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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: Al poder le ocurre como al nogal, no deja crecer nada bajo su sombra.”