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Fin a la alta burocracia ¿y los sindicatos?

OPINIÓN

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  Reducir los salarios de la burocracia es una de las propuestas más trascendentes y controvertidas de Andrés Manuel López Obrador. ¿En el afán de combatir privilegios podría afectarse la calidad y la calificación de los servidores públicos? ¿El gobierno obradorista recortará a la burocracia, pero tolerará a los sindicatos que han propiciado improductividad y corrupción? Vista de cerca, la propuesta parece razonable. Está fuera de discusión que los últimos tres sexenios –Fox, Calderón y Peña– alentaron irresponsablemente la creación de clases dentro de los trabajadores de gobierno: una élite privilegiada con altos salarios, y la tropa, el grueso de una burocracia mal pagada. Estos dos mundos comenzaron a crearse en el gobierno panista de Vicente Fox, luego de que López Obrador, entonces jefe de Gobierno de la CDMX, anunció un recorte similar al anunciado ahora para la alta burocracia. Para no quedarse atrás, Fox dijo que el gobierno federal recortaría plazas y salarios. Pero todo fue una simulación. Fox, y aún más el gobierno Calderón, hicieron algo sencillo pero profundo como el Mar Muerto: congelaron los salarios de la burocracia, pero encontraron una manera de premiar y crear un régimen de excepción para los suyos: elaboraron toda una nueva categoría de altos cargos en el servicio público. Antes del gobierno de Ernesto Zedillo no existían mandos intermedios entre los subsecretarios y los directores generales. Entre 2000 y 2009, los gobiernos panistas crearon 35 mil nuevas plazas de mandos superiores. Inventaron nuevas categorías, como jefes de unidad y coordinadores generales, y en el gobierno de Peña se pusieron de moda las jefaturas de oficina. Esa nueva estirpe de funcionarios saltaron a los directores generales, se colocaron delante de los coordinadores de asesores y duplicaron o triplicaron sus salarios con sueldos de entre 120 mil y 180 mil pesos. El nuevo gobierno debería regresar a la estructura burocrática vigente con Zedillo, ya que con Fox y Calderón, además de las plazas inventadas, proliferaron nuevas subsecretarías. Otra cosa que afectó la eficiencia de la administración pública fue el Servicio Civil de Carrera, que en la práctica no funciona y entorpeció el ejercicio eficaz de responsabilidades. En muchos casos se trataba de personas sin capacitación, calificación y experiencia, que entraron con Fox y Calderón; al ser parte del Servicio Civil, no hubo posibilidad de despedirlos. El nuevo gobierno debería hacer un diagnóstico entidad por entidad, para saber cuántos aviadores hay, cuántas plazas duplican funciones o son irrelevantes, y cuáles se justifican. Este contexto generó que los empleados sindicalizados adquirieran vicios inmensos que los hacen improductivos y lastran a las instituciones. Parece sensato reducir la alta burocracia. ¿Pero AMLO se atreverá a tocar a los sindicatos? No basta con recortar. Hacen falta políticas para evaluar la eficacia del gasto y los resultados.