Haz tu denuncia aquí

La rati-fiesta

OPINIÓN

·

Estimado fan, en este espacio no charlaremos sobre cómo le puede ir a la Selección Mexicana en el Mundial de Rusia 2018, ni de su potencial, sus rivales, ni de las rotaciones. Te invito a reflexionar sólo sobre el aspecto mercadológico de la fiestecita que puso los pelos de punta a más de un patrocinador.

Si lees esta columna, sabes que nunca se emplean aquí términos moralistas o religiosos, excepto que el sarcasmo lo justifique.

Seguramente sigues y admiras a uno o más jugadores del Tri y como actitud solidaria podrías ponerte de su lado, porque: uno, “todos tenemos vida privada”; o dos, “a todos nos gusta la fiesta”; o tres, “todos tenemos derecho a divertirnos”. Estas son las “razones” que más se leen en Twitter para respaldar a los fiesteros de la Selección. Respondamos sin apasionamientos, desde un razonamiento mercadológico:

1. Las figuras públicas tienen una responsabilidad social que no elimina, pero sí condiciona su vida privada. Un deportista profesional es una figura pública, que debiera estar consciente de su compromiso con los fans que lo siguen o emulan y que no sólo defiende a los colores de su club, sino a varias marcas, la de la entidad que le paga, las de los patrocinadores que hacen convenio con dicha entidad, la de sus contratos comerciales individuales, pero antes que todo requiere cuidar su marca personal.

2. A todos nos puede gustar la fiesta, sí, pero hay momentos y formas para todo. Un jugador de futbol profesional pertenece a una entidad deportiva que le paga un sueldo por su conducta dentro y fuera de la cancha, porque su imagen le pertenece en todo momento. Cuando van a una Selección, además cargan la imagen de una representación nacional.

3. La diversión es un derecho, pero sin perjudicar a terceros. Un seleccionado nacional llega a las masas y tiene la responsabilidad social de saber que puede resultar un ejemplo para los niños. Una conducta inapropiada no sólo perjudica a quien la comete, sino que permea a la institución o empresa que representa.

En suma, la fiestecita del Tri no es cosa del pecado, pero sí de un problema de imagen pública. Los deportistas profesionales son marcas 24/7.

Por desconocimiento o falta de cultura, simplemente, muchos defensores de los fiesteros “argumentaron” con que “el que este libre de pecado que arroje la primera piedra”. La situación tiene fondo: la clara evidencia de que no hay códigos o reglas de imagen pública en la Selección Mexicana, y esto es lo primero que exculpa a los indisciplinados. Papelito habla. Y por si fuera poco, la marca personal de algunos de los fiesteros ya está demasiado deteriorada, lo que se traduce en mala reputación.

“Cuando el gato no está en casa, los ratones hacen fiesta”, dice el refrán mexicano. En el Tri no hay una figura de autoridad manifiesta que proteja a la entidad. Y eso es una grave falta de profesionalidad en esta estructura.