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Deporte y política como hace medio siglo 

OPINIÓN

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  Hace casi 50 años, como joven reportero, recibí un aviso y corrí hacia el entonces Hotel Aristos en Paseo de la Reforma: los dos hombres del momento, los estadounidenses Tom Smith y John Carlos, habían dejado la Villa Olímpica y encontrado alojamiento ahí tras su famosa protesta de puño en alto durante la interpretación del Himno Nacional de su país en los Juegos Olímpicos de 1968. El gesto, que hizo alusión a las expresiones del "poder negro" entonces al alza en los Estados Unidos, buscaba sobre todo expresar solidaridad con las condiciones para una gran parte de los afroestadounidenses en los Estados Unidos. Eran después de todo los años de las protestas y demandas por derechos civiles. La actitud de los dos atletas negros –apoyados por el australiano Peter Norman, que ocupó el segundo lugar en la misma carrera de 200 metros– desató furia en los Estados Unidos e hizo parias a Smith y Carlos. Habría que recordar también a Mohamed Ali (Cassius Clay) despojado de su título mundial de boxeo de peso completo por negarse al servicio militar y protestar contra la guerra de Vietnam. El recuerdo viene a cuento porque esa tradición, la de deportistas que protestan, continúa aunque con un pequeño "twist": hace una semana, el presidente Donald Trump "desinvitó" a la Casa Blanca al equipo Eagles de Filadelfia, campeón mundial de Futbol Americano, enojado porque la mayoría de los jugadores había declinado asistir. Después de todo, a medio siglo de la protesta olímpica y las manifestaciones por derechos civiles, muchas de las injusticias que las motivaron continúan vigentes. Y como entonces los atletas afroestadounidenses, una gran proporción de los deportistas profesionales –y en especial del futbol americano– en el país del norte, aprovechan su fama y su escenario para expresar descontento. En la última temporada, los jugadores de futbol americano dieron en arrodillarse durante la interpretación del Himno Nacional estadounidense para protestar por el racismo en su país y la violencia policial contra esa minoría. Y ahora que parece haber un renacimiento del "nacionalismo blanco", se le ve como una "falta de respeto". Para Trump, que ha hecho profesión de fe patriótica para solidificar su respaldo entre algunos votantes estadounidenses, fue una oportunidad y en vez de un acto celebratorio del Campeonato Mundial de Futbol Americano, hizo uno lleno de música marcial y expresiones de nacionalismo. El presidente Trump ha exigido castigo y la Liga Nacional de Futbol Americano, el eje de ese deporte profesional, prohibió las manifestaciones de protesta de los jugadores y en cierta forma dejó sin empleo a su iniciador, Colin Kaepernick. Que Trump sea un cuestionable representante del patriotismo estadounidense no le resta impacto a sus demandas de respeto, o a sus llamados al "orgullo patriótico" de los sectores blancos que lo llevaron a la Presidencia. Por José Carreño